Muchos de los que vivimos en la Ciudad de México conocemos la famosa Zona rosa. De noche es una colonia mejor conocida por sus table danceras y/o prostitutas, y demás fauna nocturna. De día existe otro tipo de fauna: los oficinistas. Secretarias, licenciados, ingenieros y toda la demás gama de títulos habidos y por haber más o menos merecido. Muchos de los que trabajamos por esta zona, y los de otras partes de la ciudad que están de paso, tenemos que quedarnos a comer en la ZR. De todos estos, pocos se preocupan de lo que realmente comen, y desgraciadamente muchos terminan alimentándose con lo que sea y donde sea con tal de satisfacer la panza que ruge. En la Zona rosa existen mucho restaurantes, fondas, cafés donde comer, pero desgraciadamente la cantidad le ha dado jaque y mate a la calidad a precio accesible. Si, es verdad que hay un poco de todo en la Zona rosa, pero si lo queremos resumir en algo concreto tenemos por una parte los «restaurantes» caros y muchas veces malos (entre los cuales están los que comúnmente llamamos «para turistas»), y por otra los «changaros» baratos y también muchas veces malos o insalubres o hasta los dos. Las opciones, para quien busca un lugar donde ir a comer algo de buena calidad a un precio razonable, son extremadamente pocas y muchas veces no duran. En algún comentario de un post anterior alguien utilizó un termino interesante: la maldición de los restaurantes de la Ciudad de México. Si le entendí bien, se resume a esto: muchos de los restaurantes que abren proponen buena calidad de alimentos y de servicio en los primeros meses y, poco a poco, esta buena calidad se va transformando hasta llegar a ser muy mala. ¡En la Zona Rosa, esta maldición parece pegar con aun más fuerza !
¿Entonces, que nos queda? La misma y invariable pregunta de todos los días: ¿Y hoy, donde vamos a comer?

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