Pesadilla en la Cabaña de Manolo

Caminábamos inocentemente por la calle de Campeche en la Condesa decididos a comer algo cuando vimos la “Cabaña de Manolo”. Como somos muy curiosos y un poco aventureros entramos y nos instalamos. La sala principal se resume a un lugar sin ventanas con unas 15 mesas medio destartaladas hechas de troncos y taburetes de plástico. Las paredes totalmente recubiertas de posters mal pegados de viejos grupos de rock (¿alguien recuerda a Def Lepard?) y una música de fondo a la imagen de las paredes. Ya nos habíamos instalado un una mesa amplia para estar mas confortables cuando apareció entonces un zombi, perdón quiero decir, un mesero que parecía estar saliendo de un mal pasón, o de una mala cruda. El chavo nos pidió inmediatamente que cambiáramos de mesa porque nos habíamos instalado en una mesa para 6 personas y éramos solo 3. Tanto el hecho de que nos haya pedido desalojar la mesa como la manera como nos lo pidió nos pareció muy descortés, poco comerciante y francamente fuera de lugar. Les explico porqué: éramos literalmente los únicos clientes de todo el restaurante y eran como las 5 de las tarde, es decir no una hora habitualmente de gran afluencia. Nos sentamos en una mesita nada confortable y por curiosidad, le echamos un ojo a la pseudo carta. El menú estaba compuesto de unas 5 variedades de hamburguesas y de mucha cerveza, en diferentes presentaciones, por taro, por litro, por cubetas, etc. Esto es todo. Frente a tanta variedad y la gran calidad de la recepción decidimos levantarnos e irnos. Hacía mucho tiempo que un restaurante no me inspiraba esta necesidad de huida…

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