¿Por qué actor y no Mantis religiosa?

Artículo enviado por Barbara Riquelme, una amiga que estudia actuación en México DF.

«Los actores son seres que quieren ser todo en la vida, no se conforman con una sola cara de la moneda o con un camino lineal. Tienen la necesidad de estar cambiando constantemente de personalidad. No es un hecho tan sencillo de explicar pues no se trata de un problema de personalidad múltiple. El actor se ama, es la reencarnación de Narciso y su reflejo en el agua. El actor aprende a ser, en la mayoría de los casos, encantador y atractivo, -un ser humano ideal- diría Luisa Huertas. Así es que tampoco tiene que ver con que esté harto de sí mismo a tal grado de querer ser siempre otro. El actor desde niño está buscando, porque las respuestas directas no le parecen suficientes, le gusta encarnar distintas formas de ver la vida para entender mejor lo que le atañe. El actor no deja de hacerse preguntas, se atreve a ponerse los zapatos de los más vulgares seres sobre la tierra para respondérselas y se los quita para entender a quienes no tienen acceso a unos.

Una profesión estática es insuficiente para el actor, por eso trata de buscar estabilidad en el cuerpo de los doctores, ingenieros, maestros, acróbatas, meseros, arquitectos, científicos, carpinteros, de las bailarinas, amas de casa, agricultoras, economistas, políticas, escritoras, poetas… El actor no sólo quiere ser humano, le gusta encarnar a los árboles, los moluscos, las abejas, los bichos rastreros. Se busca a sí mismo en las banquetas, las casas, los focos, las coladeras, los armarios, las paredes… Está en una metamorfosis constante, una metamorfosis incompleta como la de la mantis religiosa, siempre esperando a su presa con los brazos juntos en forma de rezo pues comulga religiosamente con cada personaje.
Así es que ¿Por qué ser una sola cosa en la vida como una mantis religiosa si se puede ser actor?»

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