El hormiguero

torreMEstos últimos días he tenido la firme intención de apreciar el panorama urbano desde las alturas del nuevo mirador de la Torre Mayor, y supongo que mi intención en realidad no ha de ser tan firme puesto que sigo relegándolo pese a vivir a algunos cientos metros de este edificio. Si alguno de nuestros lectores ya ha visitado dicho mirador, le ruego me cuente si me estoy perdiendo de una experiencia grata o si probablemente me asome y no pueda ver casi nada, como la experiencia que les comento a continuación.

Hace algunos meses tuve la oportunidad de visitar el helipuerto de una torre de 25 pisos, y más aún, de subirme a la “góndola� desde la que se cuelgan los heroicos limpia ventanas que a veces vemos balancearse tan campantes junto a las paredes de algún edificio capitalino, mientras nosotros nos encontramos literalmente atorados en el tráfico.

Para mi desencanto, en esa ocasión casi no pude ver nada. Esto debido a la densa nata gris que se esparcía, envolvente, por lo que mi campo visual hubiera podido abarcar si se hubiera tratado de un día feriado. O tal vez uno de esos días azotado por vientos inclementes, o si por algún extraño milagro los habitantes de la Ciudad de México se hubieran levantado con la inspiración de compartir transporte animando sus rutinas mañaneras. En fin.

No creo ser la única que, contemplando el no- fluir de los embotellamientos de nuestra gran urbe desde alguna ventana o techo más o menos elevado, haya pensado –casi con nostalgia- que después de todo pareciera que vivimos en el hormiguero. Un hormiguero como esos que pueden verse capturados entre dos planchas de vidrio, en el que los caminitos trazados sinuosamente dan paso a anchas avenidas, callejones sin salida o amplios espacios en los que las hormigas se reúnen para alguna actividad lúdica o para protestar, formarse en fila india e irse con sus fervorines a cualquier otro espacio al que puedan acceder por sus caminitos.

Eso pensé ese día y probablemente se me hubiera ocurrido cualquier otra cosa si hubiese podido divisar las copas de los árboles del bosque de Chapultepec, frente al cual me encontraba pero sinceramente se veía muy poco verde ente tanto nubarrón. Probablemente intente visitar el nuevo mirador el próximo 10 de mayo, para contemplar lo amplios, suficientes y veloces que son el circuito interior, el periférico y el paseo de la reforma.

Por si alguno de ustedes ha pensado también en visitarlo, el mirador se encuentra en el piso 52 de la Torre Mayor, y se puede visitar entre semana a partir de las 7 pm y los fines de semana desde las 10 am, por un costo de 70 pesos

5 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *