monrevDomingo. Ya pasaron, en este orden, la destitución del presidente del Ecuador, el día mundial de la tierra y la marcha del silencio, todos en ese orden.

Como muchos otros días, camino por los alrededores del paseo de la Reforma, aunque esta vez tengo una vaga sensación de que las cosas se ven algo distintas; lo cual sería probable ya que la fisonomía de nuestra urbe se encuentra siempre en transformación constante: hombres trabajando con sus overoles naranjas y herramientas como la que le hace exclamar en una tirita a Mafalda: “Pero Dios mío, ¿qué están tratando de hacerle confesar a esta pobre calle?â€?, comercios que abren, cierran, se renuevan… un día uno descubre que en vez de flores hay prismas de dudosa estética y luego son flores y prismas, en fin.

Concluí que la ciudad se veía diferente porque era domingo y los domingos casi no recorro mi camino habitual que incluye los alrededores de la Diana Cazadora y algunas calles de Polanco, y las calles sin su interminable fila de coches armonizando sus respectivos claxons lucían más amplias y el peatón que no se encuentra corriendo por su vida puede detenerse a mirar cosas que cotidianamente se ven opacadas ante el frenético trajín que se vive entre semana.

Los domingos muy pocos eligen pasear por la ciudad y sin embargo, ese día en muchos museos la entrada es gratis, se puede circular mejor y hasta se ve menos basura, caminar resulta una actividad de lo más placentera y visitar el Centro Histórico, aunque no todo está abierto, constituye una verdadera delicia.

En fin, que la ciudad no todos los días es la misma y es precisamente cuando no estamos todos los que formamos parte regular de ella, cuando nos ofrece una de sus caras más agradables, que vale la pena conocer.

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