tarantulaCondesa 6:30

La ciudad estaba bajo ataque. La enorme tarántula rugía como acero de fundidora mientras con sus gigantescas patas derrumbaba edificios, aplastaba grupos enteros de curiosos, socavaba plantas de electricidad. Parte de la ciudad se sumergía así en la penumbra. Sus innumerables ojos de un negro profundo parecían ventanas a través de las cuales uno vislumbraba un inquietante futuro. Lo curioso es que la bestia parecía debatirse consigo misma en su paso frenético por la gran urbe, arrasando con los despachos de arquitectura y de abogados, suspendiendo temporalmente la demanda Sahagún a Wornat. De la bestia se desprendían pedazos de su propia carne, incluso se desprendió una vez una pata entera, la cual cayó en un estadio deportivo provocando cientos de lesionados. En aquel momento, la criatura no dudó un segundo y volvió a pegar su miembro amputado a su cuerpo con una excreción pegajosa que salía de su orificio bucal. Aparentemente, habían pedazos a los que le tenía particular atadura aunque no se sabe si emocional.

Hacía más de un par de decenios que la bestia se había hecho notar, particularmente por su tamaño. Era una tarántula más que se sumaba al conjunto de gigantescos bichos que asolaban al planeta entero. Antes, hace mucho, no era más que un rumor: la historia de una bestia que según unos era un ser divino pues ayudaba a la gente en sus tareas cotidianas, según otros era un ser maligno que vendría a sumergir al mundo en las tinieblas. Sin poder encontrar una sola explicación más racional alejada de maniqueísmo estúpido, decidí observar los hechos por mi mismo y servir de periodista improvisado para una cadena semiclandestina de información.

De hecho, fue así que noté lo siguiente: prendados de algunas patas de la bestia por medio de cables y crampones, podía uno vislumbrar unos individuos vestidos de negro. Estaba claro que a raíz de sus actividades parasíticas en la piel del animal, éste perdía algunos pedazos que luego intentaba pegarse de nuevo en su lugar. Era una guerra sin cuartel, aunque la bestia parecía defenderse bien. También era claro que el super pegamento parecía funcionar durante un rato en el cual los encapuchados eran incapaces de actuar y preferían moverse a otra área de la criatura. Lo que no me quedaba claro era el emblema que todos traían adherido a su traje: una calavera blanca, ¿a qué jugaban?

Ese fue un hallazgo que me tomó un cierto tiempo. No fue como descubrir aquellos pingüinos mordisqueándole una pata a la tarántula gigantesca. No había mucho que investigar: allí estaban, un grupo pequeño de pingüinos del tamaño de un elefante y una cara de pocos amigos. Le arrancaban la carne viva al animal con su pico, gimiendo entre dolor y placer cada vez que probaban su sangre. Su estrategia era muy simple: reunirse en banda para atacar algún punto débil del animal y retirarse al mismo tiempo para volver a aparecer en cualquier instante, llamando la atención de los medios de comunicación. Un día decidí seguirlos. Me percaté que su movimiento pingüinesco que le hacía ladearse de un lado a otro, era un tanto mecánico y sospeché inmediatamente de su naturaleza. Al entrar sigilosamente a una de sus guaridas no fui desmentido. La cabeza del pingüinote se abrió y de allí salió un individuo vestido de pingüino, el cual se reunió con sus congéneres, todos disfrazados de igual forma. De modo que para pasar desapercibido, un día entré usando el mismo disfraz. Tal vez en general y un poco de lejos mi traje parecía engañarlos, pero pronto atrajo la atención de unos cuantos – los más ortodoxos – quienes empezaron a hacerme una serie de preguntas en un idioma que apenas reconocía como un inglés moderno técnico.

– ¿qué versión eres?

Tuve que correr por mi vida mientras una bandada iracunda de hombres pingú me asediaban emitiendo unos gritos guturales de guerras. Me escabullí por entre el acero deformado y los cables rotos, el cemento embarrado de óxido y sangre, en la parte más obscura de la ciudad, cuando de pronto, una voz dulce y tranquila me habló.

– No temáis, que daño no os haré.
– ¿quién sois?…jem… ¿quién es usted?
– Un amigo que en su problema os va a ayudar. No corráis más que vuetro problema solucionado está.

Al lado del ser luminoso, vestido de un blanco reluciente, se aparecieron pronto otros seres igual de luminosos, con caras tan fingidamente bonachonas que no podía dejar de tomar mis precauciones. Todos parecían flotar por encima del suelo e irradiaban una aureola cintillante.

– Del camino muy lejos estáis, dijo uno con barba mesiánica.
– A cruzar la ciudad le ayudaremos, dijo la otra, con la voz más virginal.

Finalmente, entre todos me ayudaron a sobrevolar la ciudad por encima de los pingüinos enfurecidos, los zorros merodeadores y unos barcos anclados en plena calle. Al dejarme cerca de mi casa no me dijeron nada más y tan tranquilamente como se aparecieron emprendieron del vuelo.

– Un momento – alcancé a preguntarle al aparente líder – ¿quiénes son ustedes? ¿Cómo te llamas?
– “Macâ€? me podéis llamar – dijo, mientras emprendía el vuelo con una sonrisa exageradamente dulce.

De pronto, nadie se percató que la tarántula gigantesca se había acercado a nosotros demasiado y un grupo de encapuchados se deslizaba de un lado al otro del animal, chocando con el grupo de samaritanos santificados y pude percibir que un objeto caía al suelo. La recogí. Era una manzana totalmente blanca a medio morder.

Alfonso… Alfonso… Despierta güey, ¿qué quieres que te despidan? Ya es suficiente con que tu PC haya dejado de funcionar hoy para que además te duermas ¿no? Ya está el técnico aquí.
(© Moscaman 2005)

3 Comentarios

  1. Todos tus cuentos me han gustado mucho Moscaman, sin embargo este sobrepasa mi poder interpretativo…

  2. Gracias por tu comentario. En realidad el sueño en el que incurre el personaje está inundado de símbolos y todos éstos están relacionados con la competencia entre las distintas compañías relacionadas con el mundo de las computadoras: Microsoft, Linux, Apple, entre otras y claro, una breve alusión a los hackers. Pero no me quise concentrar en el simbolismo sino en las preguntas que surgen alrededor de esta industria.
    Moscaman

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