Hyper Love 0.08

danaeklimtCondesa 7.30pm

Severina hubiera sido una excelente dominatrix. Su cadencia al caminar silencia bocas, su mirada ata manos y cuando sonríe, reaviva las llagas del amor.

Con vista al parque España, su departamento incluye por un capricho de la naturaleza del arquitecto una columna en la sala. De haber sido una mujer domadora de caballeros, al único al que hubiera esposado habría sido el amante en turno, compartido o no con una copa de champagne y, tal vez, con su esposo. Sobre las paredes pintadas de un rojo profundo incluiría retratos jadeantes de varones desnudos y mujeres de belleza altanera. Sus pantalones de látex negro irradiarían el pecado que muchas sólo verían tras el entramado de sus dedos hipócritas. ¿Y la honestidad?

A Severina le hubiera gustado ser una mujer fuerte y libre que se mezclara en un trío a cuatro manos in crescendo y un chicote equino, los jueves por la tarde. Le agradaría enseñar a los otros a liberar sus deseos reprimidos y a soltar de un disparo las palomas de la pasión. Y ¿por qué no? Invitaría a sus amigas a sorber juntas el fruto de la prohibición.

Ella misma alimentaría su imaginación adulta y se desprendería de los prejuicios del sexo, aprendiendo de la naturaleza humana en carne propia, soltando los lastres antinaturales de la religión y sus mezquindades, reconstruyendo su alma con experiencias ilustradoras –como pintar al ser amado con un poema cachondo que recorra su geografía corporal y tomarle fotos de su sensualidad descaradamente instinctiva; preparando su acervo de recuerdos sexy para aquel momento en que nos harán falta, evitando la amargura de saber que su juventud se ha ido y que le hubiera gustado haber hecho todo lo que su energía y sus hormonas le hubiesen permitido.

Pero hoy, Severina tiene que dejar a los niños en la escuela e ir al trabajo; luego tiene que ir al súper y recuperar a los niños; debe cuidarlos, atenderlos y ayudarlos con la tarea y hacer la cena esperando al marido para –si acaso- ver un programa de televisión juntos antes de dormir cansadísimos y repetir la rutina todos los días, excepto domingo cuando sus amigas del ‘club del jitomate’ pasan por ella para alejarse más del marido y acercarse a su dios: el chisme.

A Severina le hubiera gustado ser una dominatrix pero a lo único que pudo aspirar fue a ser ama de casa.

Mientras tanto, en la oscuridad crepitante del horno, amarrado y embadurnado de mantequilla, insultado y vejado con un relleno de tocino y ciruela pasa, un pollo esperaba morbosamente su destino…
(© Moscaman 2005)
(Ilustración: Danae de Gustav Klimt)

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