Pena ajena

votos… es la que provoca la campaña del candidato priísta para ocupar la gubernatura del Estado de México. Espectaculares de tamaño descomunal, relucientes microbuses y paraderos de autobús, lucen la imagen tan campante del candidato que más recursos ha derrochado en una campaña que parece reírse de los topes que se habían fijado, y que tan jocosamente vuelve a los antiguos métodos de compra de voto que tan característicos han sido del partido tricolor.

Los mega posters de vívidos colores con la imagen de Peña Nieto se alzan lo mismo enfrente de grandes malls que de tiraderos de basura o en las azoteas de construcciones miserables cuyos dueños ceden su espacio a cambio de alguna compensación. Mientras que los frijoles se cambian por votos y las cachuchas compran simpatías, los ciudadanos vemos con estupor que ninguna de las acciones ilegales de este candidato le significará, ni por asomo, ningún costo político.

Más pena ajena se siente el constatar que existen toda una masa indiferente de personas que felices de la vida votarán por Peña Nieto a cambio de un kit de lápices y gomas, por demás kitsch. Y más aún, cuando la contracampaña que anuncia el PAN con bombos y platillos, se centra en espectaculares tipo palacio en los que se lee: “Sí, soy feo. Pero sé gobernar�. ¡Qué insulto a la inteligencia, a decir verdad! De vuelta a los viejos tiempos, los que, pensándolo bien, nunca se fueron y seguirán arraigados en el hábito popular, mientras haya políticos que regalen despensas en sus mítines políticos y existan personajes que exhiban un truque de fealdad por inteligencia.

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