Marfil
Me descubrí nuevamente pensando en ella, quizás nunca la volvería a ver, pero ese breve encuentro marcó por completo mi vida, recuerdo su transparente falda que dejaba ver sus perfectas y redondas nalgas, me agradaba que la gran parte de los que encontrábamos a nuestro paso voltearan la mirada hacia ella, me sentía afortunado de llevarla de mi brazo, su larga y negra cabellera era el perfecto marco para su pálida piel, hablaba poco, parecía distante, miraba sus ojos de esmeralda tratando de reflejarme en ellos, el tiempo pasaba rápido, no podía adivinar que había en su mente.
Finalmente mis labios encontraron los de ella, los míos: rabiosos, locos, intensos, anhelantes; los de ella: suaves, sumisos, delicados, pasivos. Trataba de contenerme para no despedazar sus labios de cristal con mi violencia, mi ser entero ardía, la ropa y nuestra realidad estorbaba, finalmente pude leer sus ojos y sus labios, finalmente encontré rasgos de mi en su piel y una foto en su bolsillo, compartíamos el mismo sueño en ese momento, mis manos hurgaban debajo de su blusa, sus rozados pezones endurecían de placer, mi boca era agua, mi sexo roca, su cabello acariciaba mi rostro, me perdía en esa selva negra de aroma exquisito, su cuello sabía a miel.
La tarde caía, ella sentada sobre mi, me cubría con su falda y me arropaba con su sexo, no estábamos desnudos y aún así podía sentir la humedad de su vientre, aún así ella sentía mi firmeza, ella se movía y por algunos minutos hicimos el amor sin hacerlo, por unos minutos nos olvidamos de que mucha gente nos miraba, por algunos minutos nos olvidamos de quienes éramos, le hablaba de sexo al oído palabras que ella no entendía, gemía, la tarde llego, el sol se esfumaba como el calor de su vientre, miró su reloj y dijo: “I have to go?… y nunca más regresó.
Sigo soñando en tardes de sol y en una mujer con piel de marfil, en una mujer que no es de este mundo, del mío.
(Texto y Fotografía: Olav Murillo)



















