De derechos a torcidos

¿Quién decide si es más válido el derecho a manifestarse de unos cuantos, en detrimento del derecho a circular de varios millones?

Tal vez los transportistas del estado de México, que se han adjudicado el papel de dueños del asfalto, dueños de las vidas de sus aterrorizados pasajeros y después de víctimas del fisco, ya se adjudicaron también el de juez y parte porque decidieron cerrar la circulación en muchos puntos en la frontera entre el edomex y la capirucha.

El día lunes 29, cientos de unidades de pasajeros Transportistas unidos Mexiquenses ( TUMAC) y Autobuses del Valle de México, bloquearon durante buena parte del día las entradas y salidas que permiten la circulación entre las dos entidades. Esto se tradujo en una cola inmensa de automóviles por todas partes de la ciudad, especialmente en el Estado. Muchísimas personas no llegaron a estudiar o a trabajar (se calcula que aproximadamente 4 millones de personas se vieron afectadas), por no mencionar la cantidad de urgencias médicas que no llegaron a atenderse, los negocios que se paralizaron, los planes que tuvieron que cancelarse, los vuelos que no se tomaron, la gente que ya no llegó a sus citas, y así por veinte páginas.

Esto a los transportistas no les parece significativo, en proporción a su tragedia porque los del SAT son muy exigentes a la hora de cobrarles los impuestos. Considerando que tienen todo el derecho de manifestarse, atropellan los de todos los demás, todo ello amparado por la parálisis del sistema judicial, que se ocupa más en extorsionar civiles que en dispersar “manifestaciones� que ponen en jaque a toda la ciudadanía.

Las autoridades parecen tener un verdadero terror de actuar ante verdaderos vándalos, y entre entidades y dependencias se pelean por no tener que tomar ninguna decisión que implique un mínimo necesario de responsabilidad.

Entre los derechos y los torcidos, se privilegian a éstos últimos. Una vez más el ciudadano de a pie sale perdiendo, y lo peor es que seguirá arriesgando el esqueleto –y demás bienes-, a manos de los pobres transportistas y de las desvalidas autoridades.

PD: Después de haber pasado varios días fuera de la ciudad por motivos lunamieleros, es un gusto incorporarse nuevamente a la dinámica de defecito.

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