Los chifliditos

Cualquier mujer en la ciudad de México –y peor, no solamente en la ciudad de México- es susceptible de convertirse de repente, y por el antojo de cualquier gañán, en progenitora al ritmo de un «oy oyyyyyyyyy mamazzzzzzitaaaaaaa!»

Los chifliditos jamás faltan en ninguna calle, y cuando se trata de algún edificio en construcción, pareciera competencia por el que invente la forma más chafa de atraer la atención de las féminas que pasan por ahí. Sin embargo, entre buscar hacerse los graciosos y acosar a las personas existe una muy sutil línea que francamente se cruza todo el tiempo sin el menor respeto.
La peor excusa que he escuchado es que a las mujeres “nos gusta que nos chiflen en la calle�. ¿Acaso tenemos la opción de escucharlos o no? Me parece una velada forma de violencia, en la que se espera que la mujer no diga nada, a riesgo de algo peor, y que se contente con ser el blanco de cuando cosa le quieran decir, porque los chifliditos rara vez van sin algunas frases “espontáneas�.

Una vez leí que la diferencia entre halago y acoso es cuando quien lo recibe consiente en ello o no. Me parece una pésima costumbre la de gritarle cosas a las mujeres en la calle, porque no siempre puede tomarse con humor y es muy fácil pasar de la broma a la abierta amenaza a la integridad del otro.

Pensé en escribir este post luego de lo que me contó una conocida, que se subió a un taxi y el conductor comenzó a “elogiarla�. Al principio ella trató de reírse, aunque se encontraba bastante molesta pero luego el taxista le puso la mano en un muslo y le dijo que pensaba bajarla del taxi hasta que él quisiera. Afortunadamente, ella pudo descender en un alto pero pasó momentos tremendamente desagradables , los cuales comenzaron en aparente juego y subieron de tono en cuestión de segundos. Así es que, para los que piensen que a nosotras nos encanta, ¡piénsenlo dos veces!

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