El poeta llega a la estación.
El poeta desciende.
El poeta toma un auto.
El poeta va para el hotel.
Y mientras hace eso
como cualquier hombre de la tierra,
una ovación lo persigue
hecha algarabía.
Banderolas
que despliegan sus alas.
Bandas de música. Cohetes.
Discursos. Gente con sombreros de paja.
Cámaras fotográficas disparadas.
Automóviles inmóviles.
Bravos…
El poeta está melancólico.

En un árbol del paseo público
(gestión de la actual administración)
árbol grueso, prisionero
de anuncios en colores,
árbol banal, árbol que nadie ve,
canta una cigarra.
Canta una cigarra que nadie oye
un himno que nadie aplaude.
Canta, bajo un sol terrible.
El poeta entra en el elevador
el poeta sube
el poeta se encierra en su cuarto.

El poeta está melancólico.

Carlos Drummond de Andrade (Brasil 1902-1987)

Fotogrfía: Alberto Monteiro

3 Comentarios

  1. El pródigo azar me trajo a tu espacio y a este bello poema de Drummond que agradezco volver a leer aquí. Estupendas seleciones. Gracias.

    Saludos…

  2. esta poesia es muy hermosa , y la fotpgrafia ,
    pues me a dejado sin haliento,es bello el harte de plasmar sentimientos en un poema es gracia pura y alimento para el alma que sabe apreciarla. gracias poe este sitio.

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