Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros,
como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.
Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como un niño perdido
que en ti dejara quietas su edad y sus preguntas.
Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que me nutre;
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a las sombras los deseos me ladran.
Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.
El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.
El día en que te mueras te enterraré desnuda,
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.

Roque Daltón (El Salvador 1935-1975)

Fotografía: «Nude» de Edward Weston

3 Comentarios

  1. Tengo una buena cantidad de camaradas torturados y muertos; aún así te atreves a publicar lo más cutre de mi cartuchera.

    Fui apaleado, fracturado, asfixiado, violado, pinchado con agujas en los oídos y los ojos y los huevos, electrificado, ahogado en orines y mierda, escupido y fusilado. Aún así te empeñas en en que mi recuerdo huela a perfume y se parezca al de Neruda. ¡Una lástima!

    Pero no lo tomes personal, escrutado soy, el más apto para ser odiado seré. Te perdono, perdono tu ceguera y tu daltonismo a contra flujo.

    Lo peor es tener sólo enemigos.
    No. Lo peor es tener sólo amigos.

    Pero, ¿quién es El Enemigo?
    ¿Yo o mis enemigos?

    Hasta la vista,

    Amiga.

  2. Enemigo,

    Sí, por supuesto que he padecido de cegueras -¿quién no las ha padecido? y estoy de acuerdo contigo en que los torturados, los violados, los apaleados, y los muertos por la resistencia deben ser recordados, para que a nadie le quede la menor duda de que la crítica y el pensamiento autónomo es una lucha tan grande, que a muchos ni les cabe en la imaginación.

    Tampoco me lo tomes personal, pero no tengo ningún empacho en seleccionar un poco del evaporado perfume de Daltón, pues «ya aprendimos con los años que la lucha tambien debe representar momentos de alegría y de de festejo, de cariño y de caricia. Antes se pensaba que todo revolucionario debía ser serio, asceta, que debía romper con los lazos afectivos, renunciar la alegría de hoy para conquistarla para las generaciones de mañana. Que bueno que esos esquemas ya han quedado atrás. La larga noche clandestina ya no tiene que ser tan oscura. Ya entendimos que la lucha la hacen los seres humanos y no las cosas.»

    Tu amiga.

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