Hyper Love 0.14

Condesa 19:20

Un nutrido grupo de sonrisas veinteañeras con caras adolescentes poblaba la enorme estancia de un departamento en perfecto estado, limpio hasta la más reluciente pulcritud. Tan inmaculado que haría destacar las imperfecciones de un coqueto jovencito gay y convertiría a un descuidado varón hetero en orco. Nadie rebasaba el 1.75m pero todas parecían extrañamente más grandes ¿serían los BMWs estacionados afuera?

Una brisa frutal perfumaba las melódicas voces en un ambiente jamás igualado por el más quisquilloso emulador de Christian Dior. Colgada en la entrada, una desenfadada Lempicka sugería acción desde la pared. En la mesa vestida de novia posmoderna, el sushi entretenía las medidas y las cerezas el cortejo. El pepino rayado con yoghurt se convertía en el albur inoportuno que nadie probaba. La música cadenciosa de ese lounge europeo aflojaba caderas y quijadas. Algunas risillas confundidas entre cascadas de rizos perfectamente esculpidos forzaban la atracción masculina como Circe a sus puercos.

Catherine Deneuve mordisqueándole los senos a Susan Sarandon revoloteaba en el último cajón del morboso subconsciente masculino adicto al cine; hora de mostrar la puerta a los invitados del sexo protuberante: se prendieron los discretísimos spots arriba de ellos, revelando aún más mugre donde no debería haber sino limpieza del que puede costearla realmente. Un jovencito gay plagado de imperfecciones y su amigo orco se despedían de sus amigas. El perfume cerraba la puerta a los últimos rasgos de testosterona y los spots se volvían a apagar tranquilamente.

En la sala una Winona Rider se lamía las cerezas junto a una Angelina Jolie mientras en la pared una Judith klimteana se frotaba ansiosamente los muslos. Un juego de orquídeas se convertía rápidamente en un picante juego de mesa. Sus pétalos parecían deslizarse por encima y por debajo al ritmo de la música y por encima de los perfumes. Frutal y ácido se mezclaban con floral y dulce y el sushi se acababa muy rápido. Sólo faltaba la Callas vestida de Medea para iniciarlas en las vestales y empezar a correr desnudas por el bosque buscándose con sus risillas enflorecidas. Una Marlène Dietrich encuadrada de negro se reía sardónicamente desde su púlpito al lado del telefóno mientras se hinchaba el último pezón…

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