Tenemos
por ti
tantos golpes
acumulados
en la piel,
que ya ni de pie
cabemos en la muerte.

En mi país,
la libertad no es sólo
un delicado viento del alma,
sino también un coraje de piel.
En cada milímetro
de su llanura infinita
está tu nombre escrito:
libertad.
En las manos torturadas.
En los ojos,
abiertos al asombro
del luto.
En la frente,
cuando ella aletea dignidad.
En el pecho,
donde un aguante varón
nos crece en grande.
En la espalda y los pies
que sufren tanto.
En los testículos,
orgullecidos de sí.
Ahí tu nombre,
tu suave y tierno nombre,
cantando en esperanza y coraje.

Hemos sufrido
en tantas partes
los golpes del verdugo
y escrito en tan poca piel
tantas veces su nombre,
que ya no podemos morir,
porque la libertad
no tiene muerte.

Nos pueden
seguir golpeando,
que conste, si pueden.
Tú siempre serás la victoriosa,
libertad.
Y cuando nosotros
disparemos
el último cartucho,
tú serás la primera
que cante en la garganta
de mis compatriotas,
libertad.
Porque
nada hay más bello
sobre la anchura
de la tierra,
que un pueblo libre,
gallardo pie,
sobre un sistema
que concluye.

La libertad,
entonces,
vigila y sueña
cuando nosotros
entramos a la noche
o llegamos al día,
suavemente enamorados
de su nombre tan bello:
libertad.

Otto René Castillo (Guatemala, 1936-1967).

“Poeta guerrillero capturado en la Sierra de las Minas con Nora Paiz, su amor, también combatiente, y quemados vivos el 17 de marzo de 1967, durante el gobierno de Méndez Montenegro.�

1 Comentario

  1. Otto Ren̩ Castillo (25 de abril de 1934 Quetzaltenango Р19 de marzo de 1967 asesinado en la sierra de las minas cerca de )

    Libertad

    Tenemos
    por ti
    tantos golpes
    acumulados
    en la piel,
    que ya ni de pie
    cabemos en la muerte.

    En mi país,
    la libertad no es sólo
    un delicado viento del alma,
    sino también un coraje de piel.
    En cada milímetro
    de su llanura infinita
    está tu nombre escrito:
    libertad.

    En las manos torturadas.
    En los ojos,
    abiertos al asombro
    del luto.
    En la frente,
    cuando ella aletea dignidad.
    En el pecho,
    donde un aguante varón
    nos crece en grande.
    En la espalda y los pies
    que sufren tanto.
    En los testículos,
    orgullecidos de sí.
    Ahí tu nombre,
    tu suave y tierno nombre,
    cantando en esperanza y coraje.

    Hemos sufrido
    en tantas partes
    los golpes del verdugo
    y escrito en tan poca piel
    tantas veces su nombre,
    que ya no podemos morir,
    porque la libertad
    no tiene muerte.

    Nos pueden
    seguir golpeando,
    que conste, si pueden.
    Tú siempre serás la victoriosa,
    libertad.
    Y cuando nosotros
    disparemos
    el último cartucho,
    tú serás la primera
    que cante en la garganta
    de mis compatriotas,
    libertad.
    Porque
    nada hay más bello
    sobre la anchura
    de la tierra,
    que un pueblo libre,
    gallardo pie,
    sobre un sistema
    que concluye.

    La libertad,
    entonces,
    vigila y sueña
    cuando nosotros
    entramos a la noche
    o llegamos al día,
    suavemente enamorados
    de su nombre tan bello:
    libertad.

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