Una más de abstencionismo

Ya había mencionado en post anterior de las desventajas de abstenerse de votar en las elecciones. Con los resultados de la elección que prácticamente dota a Chávez de un poder absoluto en Venezuela, el abstencionismo nuevamente hace de las suyas.

A las elecciones legislativas solamente acudió a las urnas cerca del 25% del electorado. Los resultados, que definen la composición de la Asamblea Nacional (y que tiene facultades para enmendar, incluso, la constitución) los escaños quedaron en poder de simpatizantes chavistas, abriendo el camino para una posible (por no decir segura) reelección.

La oposición prácticamente desapareció mediante un boicot orquestado por ellos mismos y que no produce ningún efecto. Como medida de protesta no cambió en nada el curso de las cosas y en cambio sí permite que existan canales para legitimar la voluntad de unos cuantos, al mismo tiempo que reduce a un grado mínimo la participación de los electores en las decisiones de su país. Dicha participación es un requisito indispensable para que las elecciones reflejen las preocupaciones y expectativas de los ciudadanos.

Sin embargo, cuando la mayor parte de la población no se expresa ni toma partido alguno, su silencio no dice mucho. Éste puede ser interpretado de cualquier forma, no necesariamente como una protesta, y deja en serias contradicciones el asunto de la legitimidad. ¿El resultado de las elecciones es legítimo puesto que tres cuartas partes del electorado no participó? ¿se puede dudar de la legitimidad de los deseos de quienes sí lo hicieron? ¿qué alternativas quedan ante el boicot electoral?

Mi opinión es que no votar es una posición dudosa que no incide en los resultados. Ante la falta de confianza que inspiran las instituciones chavistas, retirarse de la contienda tampoco mejora la situación. Para decir un sí o un no lo mejor es, a mi parecer, tomar algún partido.

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