Las elecciones en Haití

Tras la salida precipitada presidente Jean-Bertrand Aristide después de que unos rebeldes tomaran el control de la región norte del país con la ciudad de las Gonaives y generaran una verdadera guerra civil extendiéndose a toda la isla, la situación en Haití sigue siendo incierta y explosiva. El pasado 7 de Febrero tuvieron lugar las elecciones presidenciales que vieron enfrentarse por un lado al “delfín� del antiguo presidente Aristide, en la persona de René Preval (quien ya fue presidente entre los dos mandatos de Aristide) y del otro lado a tres candidatos de los cuales uno hubiése podido representar una amenaza para Preval. Cabe mencionar que René Preval ha fungido como presidente interino mientras se organizaban estas elecciones.

A una semana de los comicios el conteo fue simplemente suspendido debido al descubrimiento en un basurero público de urnas con boletas de voto favoreciendo en su mayoría al candidato René Preval. ¿Qué pensar de esto? Probablemente un fraude masivo al más puro estilo antidemocrático. Tras un conteo preliminar las cifras favorecen a Preval con un 48.7% de los votos contra 11.8 % para Leslie Manigat. Preval es parte de la “élite� de Haití, misma “élite� que impulso la salida del antiguo presidente Aristide dos años atrás.

Independientemente de los resultados finales, estas elecciones en Haití, por su organización, han sido un fiasco. Recordemos que el día de los comicios hubo muertos debido al caos en las oficinas de voto. Este país que ha sufrido tanto de malos gobiernos y de miseria, merecería por lo menos tener la oportunidad de tener comicios democráticos y mínimamente bien organizados.

La ONU ha estado presente en este país caribeño desde el derrocamiento de Aristide con una Misión (una mas…): la Misión de la Naciones Unidas para la estabilización de Haití (MINUSTAH) con nada más ni nada menos que 7500 militares y 2000 policías. Los resultados saltan a la vista: Haití se ha convertido en uno de los países mas peligrosos de la zona Americana, si no es que del planeta. Siguen imperando en las principales ciudades del país la delincuencia, las bandas armadas y una pobreza extrema. El reto de restablecer la estabilidad en el país no se ha alcanzado.

Aunque ciertamente las elecciones en Haití no han sido organizadas exclusivamente por la ONU, es interesante y preocupante ver como en un pequeño país como Haití, estas las Naciones Unidas no han podido en dos años restablecer el orden y cooperar eficazmente con las autoridades locales para garantizar la realización de elecciones ordenadas. Ha sido caos, más inseguridad y más desesperación. La pregunta ineluctable es la de saber entonces qué peso tiene hoy la ONU en la resolución de tantos conflictos locales.

Ya sería hora, sin poner en duda la existencia misma de este organismo internacional, de reclamar resultados concretos de las acciones de la ONU en los frentes en los que está presente. Para su propia supervivencia no podemos dejar las Naciones Unidas seguir hundiéndose y ahogándose en su burocracia, en su aparente falta de cultura del resultado. En la mayoría de las sociedades democráticas, quienes han sido electos para dirigir y encargarse de las administraciones públicas, deben de rendir cuentas y por lo general son sancionados o recompensados en elecciones de voto popular (esto en teoría y sabemos por supuesto que son muchas las excepciones…). ¿Por qué entonces la ONU sigue dándoles cobijo a funcionarios que por desgracia no han mostrado ser completamente capaces de obtener resultados concretos?

¿Será quizás a causa del alejamiento de estos mismos funcionarios que toman decisiones de las realidades del terreno? Supongo que sentados en sus sillones de sus lujosas oficinas newyorkinas es en efecto difícil percibir algunas realidades de nuestro planeta tan conflictivo…

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