V de VENGANZA

El 5 de noviembre de 1605, Guy Fawkes, un soldado inglés, formó parte de una conspiración con el objetivo de asesinar al rey Jaime I y el Parlamento haciendo explotar el palacio de Westminster. El movimiento fue infructuoso y los cabecillas ejecutados, pero sus nombres quedaron inscritos en los anales de la historia.

En un futuro no muy lejano, la situación del mundo ha cambiado de manera radical. Estados Unidos ha perdido su hegemonía. Guerras y epidemias han conducido a un régimen fascista al poder en Inglaterra. El gobierno manipula los medios de información, y ha tomado las medidas necesarias para mantener una sociedad homogénea y pacífica, al estilo de «1984». Evey Hammond, empleada de la British Television Network, está a punto de sufrir el abuso de poder de las fuerzas de la policía secreta cuando un excéntrico y misterioso personaje, que utiliza una máscara de Guy Fawkes y responde al nombre de V, la salva. A raíz de este encuentro, Evey se ve envuelta poco a poco en los planes anarquistas de V, cuyos poco claros motivos tienen más que ver con venganza personal que con ideales políticos.

Precisamente, la V es de vendetta, de venganza. V es una mezcla del fantasma de la ópera, el conde de Montecristo y el agente Smith de Matrix. Su máscara, blanca, sonriente, y al mismo tiempo escalofriante, oculta un pasado que ni el mismo recuerda, y que no importa más. También hace un poco difícil entender las palabras que Hugo Weaving masculla, por lo que se agradece la presencia de subtítulos. Sus métodos son poco convencionales y sorprendentes, aunque en ocasiones rayan en el límite de lo verosímil. Para una revolución de un solo hombre, los recursos monetarios y logísticos que despliega resultan poco creíbles, especialmente conforme se acerca el final de la película. Pero a fin de cuentas, el personaje ganó mi simpatía, como era de esperarse de un antihéroe con envidiable cabellera que hace referencias a Edmundo Dantés y afirma que no se puede tener una revolución sin baile.

Mucho se le ha criticadao a esta versión cinematográfica el que la historia original ha sido modificada considerablemente de manera que resulte más una crítica velada de aspectos recientes de política internacional que el enfrentamiento entre un estado fascista y anarquía pura, y que el personaje de V se ha transformado de forma que ha perdido su ambigüedad moral. No he tenido oportunidad de leer la novela gráfica en la que está basada en la película, por lo que estos cambios no me constan, sin embargo, aún así pude percibir algunos detalles a mi gusto demasiado dulcificados, con una escasa resemblanza al comportamiento de masas en situaciones extremas.

A pesar de varios detalles incongruentes, la película entretiene. El revolucionario despliegue pirotécnico al ritmo de la «Obertura 1812» de Tchaikovsky y la impactante transición que experimenta Evey capturan la atención. Y si a esto añadimos el contexto político que el director se esforzó en imprimir a esta adaptación, por lo menos «V de Venganza» puede hacer pasar el rato y proporcionar materia de discusión. ¿Y a quién no le gustan los fuegos artificiales?

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