HYPER LOVE 0.25

Roma 11.34

Y mientras tú dormías, se quemaban los libros en las escuelas.

Y mientras tú soñabas, se adiestraban las mujeres en las iglesias.

Y mientras tú amabas, gobernaban los ignorantes.

Y mientras tú gozabas, se azuzaban a los jóvenes para ir a la guerra

Y mientras tú bailabas, estallaban las bombas…

…hasta que se volvía imposible bailar, gozar, amar, soñar y dormir.

Y los traidores señalaban
Y los cínicos informaban
Y los conformistas educaban
Y los mezquinos despreciaban
Y los hipócritas predicaban
Y los ingenuos mutilaban

Olín Estático, el joven poeta desgarbado que vendía personalmente sus propias copias, salía del cafecito sobre Medellín que le daba chance mientras un obrero en estado de thinneriedad se precipitaba desde un tercer piso a sus pies…

¿Hacer una observación irónica? ¿Tratar de venderle una copia? ¿Leérsela antes de que muera? ¿Unirse al orador arrodillado a su lado? ¿Acompañar los gritos de la mujer espantada? ¿Escribir una oda a la sangre que se cuela por la alcantarilla? ¿Recordar la gata que tuvo el mismo destino la semana pasada? ¿Moverlo para que respire por entre las bocanadas de sangre que salían de su boca? ¿Hacerle una cátedra sobre los inconvenientes de una drogadicción a ejemplo de las protomonjas agazapándose a distancia? ¿Preocuparse por que no le manche la ropa o le dañe el vehículo como la dulce rubia recién salida de la tintorería o el automovilista con el seguro en mente varios metros atrás? ¿Escurrirse por entre la multitud porque de todas formas eso no le compete ni puede hacer nada al respecto ni le interesa saber qué le va a pasar a ese pobre infeliz?

Afortunadamente la decisión que tomó en ese lapso congelado por el frío torrente eléctrico de adrenalina fue tomar su celular y llamar a emergencias por una ambulancia.

Sangre caliente y sangre fría: su corazón le daba vueltas pero su mente estaba fija en un solo objetivo. Finalmente la ambulancia se retiró y se esfumaron las sombras del improvisado escenario macabro…

Y mientras tú escribías, la vida continuaba su insensato rumbo.

1 comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *