CARNOSAURIO

Hay películas buenas y malas. Y hay las peores, aquéllas que hacen que uno desee arrancarse los ojos al más puro estilo de tragedia griega. «Carnosaurio» cuenta con este dudoso honor.

La historia, como el nombre lo indica, implica feroces dinosaurios carnívoros acechando indefensas presas humanas. Sin embargo, aunque esta trama suene muy similar a la de «Parque Jurásico», existen algunas importantes diferencias. En lugar de ser generados por computadora, los carnosaurios son títeres de mano (y que conste que la película es de mediados de la década de los 90). Y bueno, como si los animalitos no fueran suficiente amenaza, una científica ambientalista medio loca ha introducido un virus que hace que las mujeres den a luz a huevos de dinosaurio. Huevos y pollos mutantes también tienen un lugar en el asunto.

¿Por qué decidí en esta ocasión hablar de una película tan mala? En primer lugar se encuentra el deseo de prevenir a otros incautos de tan terrible experiencia, especialmente porque la trilogía entera de «Carnosaurio» es transmitida con relativa frecuencia en televisión nacional. La picadura reciente de un mosquito que ha hecho que mi mano sea ahora del tamaño de mi cabeza y que me ha tenido postrada en cama durante casi una semana ha llevado a mi febril mente a relacionar el mosco mutante con estas voraces criaturas. Y finalmente, «Carnosaurio» es de esas películas tan increíblemente malas que llegan a convertirse en clásicos, con lugar permanente en un lúgubre Salón de la Pena, llenas de tanto humor involuntario que hasta es posible disfrutar de ellas.

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