QUE PIENSA DIOS CUANDO RUEDA

Sin duda el fútbol es una religión y su dios es el balón. Con la celebración del mundial podemos decir que asistimos (aunque lo hagamos desde nuestro televisor) a la máxima expresión que nos puede otorgar el fútbol. Va más allá del club local o internacional que podamos apoyar, es cuando la nación se ve representada en una oncena de individuos que tratan de reivindicar la cultura futbolera de todo un país con el logro del campeonato.

Bien se sabe que los resultados son lo que determina el éxito o el fracaso en la justa, resultados en función del potencial que los expertos entienden en cada equipo: los que están destinados a jugar las finales, los que llegarán a cuartos de final y finalmente los que cumplieron con el simple hecho de asistir.

Con el afán de llegar lo más lejos posible los equipos «chicos» plantean sistemas defensivos que renuncian al ataque y que terminan aniquilando el espectáculo, por ejemplo quienes salen a pararse en la cancha con un 5-4-1, en ese sentido es imposible que Ronaldinho pueda derrochar magia cuando hay once jugadores dispuestos a detenerlo a como de lugar incluidas las patadas.

El verdadero encanto del fútbol está en la belleza de las jugadas y de los goles. Las selecciones y jugadores que son memorables son aquellas que aportan una dosis de plasticidad al juego. Incluso en algunas ocasiones los equipos son recordados por su calidad aunque no necesariamente hayan ganado el título, como la legendaria naranja mecánica de Cruyff.

El arbitraje es otro de los factores que juega en contra del espectáculo. Es sumamente discutible como el arbitraje perjudica al juego y permanece en la era de las cavernas, cito algunos de los pecados arbitrales: Siempre ante la duda (fueras de lugar, faltas en el área, etc.) el arbitro marca en favor de la defensa, muy al contrario en deportes como el baloncesto, que el más mínimo toque se marca con un tiro a la canasta.

La parcialidad que se observa en beneficio de los grandes equipos. Desconozco en qué medida estás acciones sean subconscientes pero es una realidad que en la mayor parte de los errores arbitrales se termina perjudicando a los equipos chicos.

El pobre criterio con que se marca. Resulta patético que se amoneste a un jugador porque no obedece al silbato o porque se reclama al árbitro cuando hay jugadas salvajes en las que se lastiman a los jugadores y ni siquiera se señalen las faltas o haya tarjetas para los violentos. No se ha incorporado tecnología a los más importantes torneos. Aunque la tripleta arbitral está apareciendo con dispositivos de comunicación, no hay un apoyo real que permita la precisión en las decisiones, por ejemplo el fútbol americano se apoya en la repetición instantánea para jugadas importantes. La coartada del error humano que termina por anular una genialidad de un jugador o de un equipo. Finalmente los que se juegan los puntos son los equipos, para el arbitro es cómodo e irresponsable marcar «lo que vio» y que el resultado del encuentro se vea afectado.

A pesar de estos pecados (y de otros como la comercialización) el fútbol seguirá siendo el deporte más popular del mundo, convendría una reflexión para hacer cambios a las reglas de juego y sistemas de marcación que resulten en el beneficio y belleza del espectáculo.

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