Museo del Jamón

El Museo del Jamón es un restaurante ubicado en la calle de Concepción Beistegui 1356 en la Colonia Del Valle de la Ciudad de México. Pues bien, el sábado fuimos a comer y vivimos de todo.

El lugar ocupa una casa, tiene una terraza al frente donde se encuentran unas cuantas mesas poco amigables. En la parte interior hay dos salas, una pequeña como para un evento privado y el comedor principal muy amplio. Una enorme chimenea adornada por una bonita colección de botellas de vino es uno de los dos atractivos visuales del comedor. El otro atractivo visual es sin duda el techo decorado por bolsas de jamón colgantes. El conjunto, sin ser extraordinario, es bastante agradable.

El servicio fue de inicio aceptable sin ser muy bueno. Pudimos tomar la orden rápidamente escogiendo de una carta de platillos españoles. Carnes, pulpo, tapas, pescado; en resúmen una carta bastante completa con un atractivo especial: la paella. De entrada pedimos una tortilla española de jamón y tocino. Muy buena, un equilibrio de sabores bastante fino. Lo buena sorpresa fue que no era muy grasosa y eso se agradeció. Luego pedimos unas paellas y a simple vista eran muy apetitosas. Pueden ver la foto para darse cuenta de lo que estoy hablando. El tiempo de espera para la paella está indicado en la carta, se pide con unos 20 minutos de paciencia al cliente para la preparación de este platillo y la verdad sí vale la pena esperar. Los ingredientes están muy frescos, el arroz se siente realmente preparado poco antes, y no como algunas paellas que son servidas con un arroz seco, unos mariscos putrefactos o raquíticos entre otras sorpresas. Pero la paella del Museo del Jamón se veía buena y era muy buena.

De postre probamos una leche frita, que es una especie de flan envuelto por una fina costra espolvoreado de azúcar. Muy bueno, muy calórico pero un buen postre a fin de cuenta.


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El servicio estuvo con altos y bajos, en un inicio todo estuvo muy lento. Después de haber tomado la orden esperamos como media hora para que nos trajeran la tapa. Pero para eso tuvimos que pedir pan, luego mantequilla y al último como dos veces por la tapa. Esto no nos estaba agradando mucho pero con la llegada de la paella nos tranquilizamos. Después de las primeras quejas, el servicio mejoró un poco, aunque escuchábamos que desde las mesas de nuestro alrededor la gente se quejaba de la lentitud del servicio con llamadas regulares a los meseros para preguntar por sus platillos.

Pedimos la cuenta, unos $700 pesos por 3 personas, sin vino. Lo habrán adivinado, no es muy barato, pero la comida era buena.
Hasta ahora la impresión general había sido: servicio mediocre y comida buena.

Pero aquí no concluye nuestra aventura en El Museo del Jamón. De repente y de manera inesperada surgió un problema, un muy serio problema. Nuestra mesa se encontraba junto a una pared. Esta pared tenía una decoración de madera, como una franja que corría por toda las paredes del comedor principal. De repente mi mirada es atraída por algo, que a primera vista nadie había visto: una familia de cucarachas había establecido su campamento de verano en la madera en cuestión, a unos centímetros de nosotros. Las veíamos ir y venir felizmente moviendo sus antenitas y casi mirándonos con ternura para que les arrojáramos algo de comer.
Se imaginaran el asco que nos resultó esto.

Llamamos a un mesero que se disculpó, eso fue todo. Luego pedimos hablar con el capitán a quién le mostramos el espectáculo de la familia cucarrachesca en su campamento de verano. El señor muy amablemente nos comento que sí, que lo sabía, que se disculpaba alegando que la estancia de las cucarachas desaparecería y al día siguiente el lugar sería fumigado.

Ingenuamente pensamos que quizá por tan deplorable situación nos harían un descuento o nos propondrían alguna cortesía, algún gesto comercial, y nada pasó, nos cobraron normal, y adiós. Debo comentar que la actitud del encargado del “changarro» nos sorprendió bastante al tomar esto de las cucarachas como si fuera algo normal, como si tener cucarachas comiendo junto a ti en un restaurante que te cobra entre $120 y $150 pesos por un platillo en promedio fuera la cosa más normal.

En conclusión solo diré esto: por muy buena que sea la comida no podemos recomendar el Museo del Jamón por la simple y sencilla razón de que nada nos garantiza que la cocina no esta infestada de cucarachas o algún otro ser maligno!!

Continuaremos visitando y recomendando restaurantes de la Ciudad de México. Ustedes saben que nos encanta hacerlo.

Dirección:
Concepción Beistegui 1356, Narvarte.
Entre Anaxágoras y Pitágoras


ACTUALIZACION: Este restaurante ya cerro sus puertas…

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