Roma 13.24

Ajusticiado Pérez siempre teme salir en las mañanas. Al cerrar la puerta de la entrada a su edificio dispuesto a pasear a su perro, el cerebro aún con las marcas acolchonadas de los sueños, se sobresalta con un grito de terror absoluto, un eco de garganta recordando las peores guerras mundiales, un cuadro de Siqueiros reencarnado en un niño de 10 años sufriendo la peor de las muertes bajo los dientes de su feroz can. La madre del aterrado crío le gritaba lacrimosa con aún más pavor traicionando el origen de la fobia: “¡No te va a hacer nada! ¡No te va a hacer nada! No te va a morder ¡NO TE VA A MORDERRRR!�. Que quede bien claro: no existen los chihuahuas gigantes. Ni los “tamaño estándar�. Ni los “mini�. Nadie ha sentido su carne desgarrarse por las mandibulas asesinas de un chihuahua de ojos desorbitados. Jamás.

Ajusticiado continuó el paseo matutino del perro cuando, cinco metros después, se encuentra con una joven veinteañera sentada en una jardinera que contenía un fresno desquiciado por el viento.
-¡Hola!
-Eh… hola.
-¿No te acuerdas de mí? (una sucesión de imágenes se digitaron a velocidad media por entre los archivos de la memoria: nada).
-Eh…
-Soy Clara
-Eh… (una profusión de imágenes salían del archivo visual a todo vapor: encamadas lubricas, cafecitos románticos, salones de clase, rituales añejos, paseos urbanos, paseos campestres: nada).
-La amiga de Pedro.
-¿Pedro? (la búsqueda se frenetizaba, los musculos cerebrales se contraían hasta el dolor: charlas de café, salones de clase, rituales añejos, borracheras, reventones, encamadas improvizadas: nada)
-Sí, Pedro.
-(Respiró profundo y lanzó una idea al aire) ¿El del grupo que se reune en el café?
-¡Sí! ¿Y no te acuerdas de mí?
-Eh…
-Oh está bien. Adiós.
-Eh… lo siento, bye.
-Adiós.

Tan gozoso como esperar a que vuelva la luz después de un par de horas tan sólo para ver los focos fundirse. Su cerebro semi-inconsciente le dolía aún por el esfuerzo. Al dar vuelta a la esquina de esa misma calle su perro empieza a defecar. Escucha un gruñido detrás de él que le eriza los pelos. Es una señora cuarentona de muy mal humor.

-¿Qué cree que está haciendo? ¿Qué no tiene respeto? ¿Por qué deja que su perro haga sus necesidades en frente de mi puerta?

Obviamente nada de estos gruñidos y regaños los hubiera proferido esa señora de haberse percatado de la bolsa recoge-cagadas que traía Ajusticiado en el bolsillo trasero de su pantalón, misma con la que la cayó, reduciendola a un silencio visceral. Pudo contestarle verbalmente pero su cerebro sólo funcionaba con la memoria de emergencia. Se retiró de ahí y tuvo que evitar en la calle a un viejito con dos bastones esquiando sobre la acera y a una señora de grandes carnes, grandes bolsas y enorme dispersión; también tuvo que evitar las virutas de pintura que arrancaba de una pared un incauto pintor, para entonces darle la vuelta completa a su cuadra evitando el paso apresurado de las madres retrasadas armadas de carreolas arrollando todo a su paso y al fin regresar a su edificio.

Abrió las ventanas de su departamento, barrió, trapeó, aspiró y fue sólo en ese instante que la ventana decidió explotar en mil pedazos con la fuerza del viento. ¡Que el terror llegue a tu propia casa: eso sí es intolerable! Es como si George Bush se autoinvitara a cenar tus albóndigas cuando sabes que lo unico que te va a ofrecer a cambio es una hamburguesa de McDonald’s al doble de su precio y o lo tomas o te invade tu casa para apoderarse de tu refri: ¡fuck!

Al salir otra vez, Ajusticiado fue a almorzar algo en una fondita cercana atentido por una señorita tan atenta con todos al mismo tiempo que no sabía si contestarle a ella o a los que atendía para que le ayudasen a ordenar. Le pidió un tenedor más limpio: le trajo una canastilla de tortillas calientes; le pidió el menú que tiene arroz, ella le pregunta si quiere el menú que tiene arroz, se lo pide de nuevo ella le pregunta si está seguro de que no quiere el arroz; le pide la cuenta, le trae un bolillo: la ve, ella no está tramando nada, así es. Se le enchina la piel. No quiso preguntar donde quedaba el baño…

México… el mundo… hoy día… ¿Por qué no…

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