PEER GYNT

“Bástate a ti mismo�, Ibsen

A lo largo de la historia se ha recalcado una y otra vez lo irrepresentable que resulta esta obra del dramaturgo Henrik Ibsen, mejor conocido por su Casa de Muñecas, obra que es diametralmente opuesta a la que hoy en día monta Carlos Corona en el Teatro Santa Catarina.

La obra dramática en cuestión se ha ganado tal adjetivo al ser una tragicomedia con tantos episodios y personajes que se antoja apta para una súper producción Hollywoodense, exclusivamente. Corona la adapta, en una puesta de dos horas media, (se dice que la original duraría 5 horas) resuelta con ocho personajes. El simple hecho de montarla, es toda una hazaña, montarla bien, ya no excelente, sino bien, es apoteósico.

Peer Gynt es la primera obra de un anti héroe, este pasa por tantas aventuras, que el personaje se nos presenta como ancestro directo de personajes cinematográficos modernos como Forrest Gump, Big Fish, Oh my brother, Catch me if you can, Talented Mr. Ripley, poseedor de toda la humanidad contenida en su recorrido por convertirse en emperador del mundo, hasta encontrarse, después de tantos episodios, con él mismo. ¿Qué puede haber más metafísico que eso?

Llevar a escena tratamiento tan delicado, no es cosa fácil, sobre todo cuando el texto exige multiplicidad de escenarios, de climas, de universos. El director Carlos Corona supo adaptar el texto de manera que, quien no conoce la obra, se quede con una sensación de integridad anecdótica, convirtiéndose la trayectoria del personaje en una concepción redonda y vasta. Con ayuda de Auda Carraza y Atenea Chávez como escenógrafas, y Matías Gorlero como iluminador, Corona logra sacar, a manera de bolsa de Mary Popins, todas las atmósferas requeridas para contar su historia. De una plataforma de madera, con un declive diagonal y una continuación que abarca la pared y parte del techo, se desprenden los mínimos elementos para crear lo mismo un hogar pobre, que una fiesta suntuosa, una cabaña, que el mismo infierno o una colina, hasta llegar al clímax de esta construcción en la escena que logra unificar a todos los elementos participantes, la escena de un naufragio en donde Peer Gynt (Rodrigo Vázquez) y un cocinero (Mariana Treviño) están a punto de morir. Aquí, la parte delantera de la construcción se desprende del suelo y se eleva para transformarse en la proa de un barco. Los actores apoyan el movimiento de la madera con sus propias herramientas, creando un momento muy emocionante para el espectador.

A pesar del contexto histórico al que pertenece la dramaturgia, lo cual no es evidente, pues su estilo humanístico se instala vigentemente en cualquier época para convertirse en un clásico, Corona introduce elementos locales y temporales que contrastan estilísticamente para enfatizar y hacer espectacular la puesta, aun cuando esta característica diluya la sustancia de la obra. Recurso muy utilizado en sus montajes, por lo que ya no nos extraña ver a los personajes bailando La macarena.

Dentro de esta misma línea se encuentra el vestuario (de Jerildy Bosch, María Figueroa y Tolita Figueroa), por momentos con reminiscencias a la raíz histórica de la obra o bien con propuestas posmodernas que se instalan en lo kitsch. Ambas elecciones, siempre bajo una estilización homogénea del concepto. Esto convierte siempre en particulares los productos de Corona, alejándose de los demás, instalándose y confirmándose en su estilo.

La música de Mariano Cossa, colaborador constante de Corona, con características igualmente eclécticas, acompaña la narración adaptándose a ser una atmósfera, un ornamento o un catalizador de emociones.

Corona sabe resaltar las características que constituyen una tragicomedia, los episodios están enlazados de manera fluída y congruente, no se nota un remache de más o una atadura de menos. Con su contenido, la forma del director lo mismo nos remite a Alicia en el país de las Maravillas, en su escena de la oruga o de las cartas y la reina, que a Peter Greenaway o al mismo Spielberg.

El ritmo, a pesar de que es mejor en el segundo acto que en el primero, consigue tener al espectador de la mano del actor Rodrigo Vázquez que con el ropaje de Peer Gynt logra que el espectador siga la travesía de un nada paradigmático protagonista, pues miente, roba, viola, engaña, abusa, saliendo airoso en el último momento e intenta introducirnos en el conflicto al que este se somete cuando es avasallado por la consecuencia de sus actos, en un callejón sin salida del que sólo su ser interior tiene la solución. Vázquez es capaz de sostener el protagónico de la obra, sin embargo no consigue la conmoción final a la que el género debe de llegar. La cercanía del espacio permite que el espectador lea la forma, por cierto muy correcta, más no la entraña del actor, necesaria para el in crescendo que el segundo acto propone, con un final estremecedor y filosófico que Ibsen le da a la anécdota.

El planteamiento de Corona precisa que todos los actores, excepto Rodrigo Vázquez interpreten a varios personajes, lo cual es un reto ambicioso a la vez que un deleite para el espectador cuando la resolución es acertada. Laura Almela, interpreta a la madre de Peer Gynt, Asa, a un gnomo y al fundidor. Su desempeño es monótono, sin lograr imprimirle veracidad a su discurso ni diferenciación técnica y/o emotiva entre Asa y el fundidor. Los demás actores, José Carriedo, Joaquín Cosío, Avelina Correa, Viridiana Olvera y Mariana Treviño, representando mínimo a tres personajes cada uno, ofrecen una buena interpretación, resaltando el trabajo de Carriedo, Olvera y Treviño, quienes por su juventud actoral muestran un ímpetu y entrega que se agradece y el trabajo de Boetto, quien logra hacer gala de su experiencia, particularizando cada oportunidad de estar en escena.

Una puesta que en definitiva vale la pena ver, como pretexto en este año de conmemoraciones al dramaturgo noruego, por sus resoluciones escénicas, porque todo aquel que la haya leído no logra imaginársela en un escenario y porque todo aquel que no la conozca en papel, disfrutará que se la presenten bajo la encomienda de estos sagaces creadores con los que uno puede estar de acuerdo o no, pero a los que no se les puede discutir el trabajo invertido, el sudor de su frente, su mente y en momentos el hallazgo profesional siguiendo la consigna del autor: “Bástate a ti mismo�.

Peer Gynt
Foro Sor Juana Inés de la Cruz.
Centro Cultural Universitario.
Insurgentes sur 3000.
del 5 de agosto al 8 de octubre
Sábados y domingos 13:00 hrs.
(16 y 17 de sept. no hay función)

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