poorwoman.gifDoña Lencha viste su uniforme de mandil de maestra de kinder todos los días. Su cara se desfigura por un diente que le sobresale del labio causando la misma impresión de agresividad que el viejo perro tipo chow-chow aplatanado en la banqueta del restaurante asturiano. Pero al igual que el can, sólo es una broma de la madre naturaleza pues doña Lencha es un pan. Su voz ronca esconde la suavidad de su alma que contesta invariablemente a quien osa darle los “buenos días�. El cejo eternamente fruncido suele interpretarse por un odio a la humanidad cuando de hecho se traduce por ser portadora de ideas profundas y sueños visionarios acompañados de un poco de estigmatismo y muy poco dinero para atenderlo.

Su lento cogear por las calles le ha ganado el mote de “la bruja� que ningún padre joven de esos que abundan reprime de la boca de sus malcriados críos, pero es la nota de la vejez que tocan sus ya cansadas piernas después de largos años de deambular por toda la zona y conocer personalmente a cada uno de sus más viejos habitantes. Todos los días se detiene unos minutos para conversar con tantos que uno se pregunta cómo le hace para ganarse la vida, aunque por el manojo de patas de pollo que compra para hacerse su sopita, bastaría realmente muy poco. Podría decirse que sus visitantes son amistades de no ser porque, atrapados en una trama social arcaica de rigurosa discriminación, para esos pronto-recuerdos ella pertenece a otra clase con la cual uno no puede codearse, aunque los ayude a tomar el sol, traerles comida o noticias del mundo exterior.

Doña Lencha no tiene amigos porque nadie quiere estar con ella por su aspecto aún cuando ella ha participado en las juntas vecinales y siempre ha apoyado las decisiones que beneficien a toda la comunidad.

Doña Lencha ha recibido insultos toda su vida pero nunca le ha guardado rencor a nadie. Todavía hay quienes se alejan de ella por su apariencia y los hay quienes le manejan archivos paralelos, pero ella prefiere seguir su mismo camino, con su mismo cabello recogido y aplastado como severa maestra de primaria y con su mismo andar.

No tiene más familia que el perro callejero que adoptó el cual también tiene problemas dentales, razón por la cual tal vez congeniaron.

Hoy, Doña Lencha ha sido evacuada de su edificio porque pagaba renta congelada y tendrá que irse a otro lado, un lado del que ni ella ni las autoridades saben donde queda pero que seguramente existe. Y hoy, como siempre, nadie ayuda a Doña Lencha…

3 Comentarios

  1. La ciudad está llena de Doñas Lenchas que desaparecen sin que a nadie le importe. Una sociedad que abandona de esta manera a sus viejitos es una socidad que ha perdido valores básicos y el estado en el que se encuentra el D.F. hoy es el reflejo de esa pérdida de valores.

  2. Lamentablemente en este país no existe algo seguro paa proteger a la gente mayor precisamente ayer al pasar por el metro hidalgo vi a una ancianita que por mas que me quise hacer indiferente no pude me llena de lástima aunque suene feo que personas a esta edad tan avanzada esten pidiendo una limosna para poder subsistir con lo poco que les damos comerán una comida al día pero ¿después? debemos ser consientes que estas personas fueron algo en el pasado que forjarón nuestro fúturo por favor que no les valga, pues muchos de estos viejitos son de su propia familia.

  3. Ciertamente, hay muchas Doña Lenchas y Don Lenchos. Ojalá pudieramos «adoptar» a uno, pero no es posible. Sin embargo sí es posible procurar que nuestros padres o tíos no se queden solos. ¿Qué tal una visita semanal a ese(a) viejo(a) de la familia que vive solo? Hoy por él, mañana por nosotros.
    Educar a nuestros hijos para respetar y cuidar de los mayores, fué algo que simplemente se perdió. Ojalá no lo lamentemos… ya viejos.

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