Hyper Love 0.30

Condesa 00.32

Ernesto es un individuo excepcional. Vive en un departamento en la condesa donde pareciera que mientras menos acabados usen los arquitectos más caro resulta, como una tanga Chanel.

A Ernesto no le preocupa el rumbo del país ni el número de indigentes ni los rancheros exiliados de sus rancherías que por la droga, que por la rapiña de las oligarquías locales o que por la falta de oportunidades pues ni los ve desde su alfa romeo blindado con el cual se desliza directamente al garage de su edificio, rebasando al vigilante y obviando la sombra de su vecino, por entre el laberinto de cemento del más cálido Art Treblinka con todo y alambre de púas electrificado y sistema electrónico de alarma que tiene que desactivar antes de refugiarse. Así, la pobreza nunca entrará a su conjunto habitacional, no en una sola pieza en todo caso… y eso ya es ganancia.

Ernesto es de la generación absorta por el espejismo yupi tan real del reaganismo importado al tercer mundo. Claro, no lo dice abiertamente – sobre todo para sus amigos neoyorquinos- porque sonaría absurdo al vivir todavía en una ciudad tan favelizada como Mexico city. Pero puede cotorrear a gusto con sus amigos mexicanos atrapados como él en el mundo del bisnés y la fanfarronería que le consiguió un empleo bien remunerado, buenas relaciones y muchos amigos del momento. Pertenecer a un grupo hermético que combina religión y finanzas pudo ayudarle también. Su moral es simple: acércate sólo si tienes algo que ofrecerme a cambio, sea gratis, sea rebajado o que multiplique mi inversión ¡ah! y que Dios te acompañe…

Cuelga su abrigo Boss para ese frío en la Gran Manzana aún en una lluviosa tarde de julio en la capital azteca. Se dirige a la cocina italiana del más bello acabado metálico que acompaña bellamente al gris del cemento en paredes y piso que mandó decorar con unos cuadros rojos y una enorme mesa negra para 8 que nunca usa. Fuera del ventanal que da al patio interior se puede apreciar el color gris claro contaminado por el ocre de las hojas muertas del árbol del vecino que pronto mandará podar.

Ernesto hace negocios para incrementar su fortuna personal y así demostrarle a su padre que puede ser como él y hasta superarlo. Salió de su bunker familiar en Bosques en parte para probarse a sí mismo y también para alejarse de la presión de la madre quien insiste que se case pero él no la escucha y su padre le admira en secreto por ello, aunque por la presión del contorno social ya tuvo que conocer a varios prospectos en óptimas condiciones biológicas para regar sus genes triunfantes por todo el orbe y purificar la sangre de lo que él sabe que se trata de una raza decadente: la raza humana. Obviamente que está a favor de las mejorías genéticas del ser humano que tanto brillo le saca el Nat Geo en la televisión y apoyará financieramente cualquier propuesta concreta futura de mejoría. Cierto, rara vez ve televisión pues desde temprano se levanta para orar, prepararse, leer sólo números e índices y partir a su oficina desde donde se comunica con diversas ciudades en conferencias fácilmente confundidas con promiscuidad telefónica y digital. No lo dice la Biblia pero eso no puede ser más que un Bien y si él lo sabe… seguro Él también.

Regresa la noche en su bólido importado que no respeta semáforos, peatones, ni normas para el resguardo máximo de su purísima figura.

Carpe Diem, siguiendo la moda corporate USA, pero sin saber más… Alea jacta est

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