Las condiciones en que se ha dado el último informe presidencial de Vicente Fox, así como la entrega de la constancia de presidente electo Felipe Calderón, nos dan la posibilidad de hacer una lectura de la situación en la que se va y llega el presidente de la república.

El problema de ingobernabilidad por la que atraviesa el país se debe a la ausencia del poder ejecutivo y sus operadores, por mencionar algunos ejemplos tenemos el conflicto minero en el que el gobierno federal a través de la Secretaría del Trabajo se ha encargado de abonar al conflicto en lugar de mediar y negociar soluciones; en Oaxaca ha rehuido intervenir con el argumento de que es un conflicto local delimitado al propio estado, pero hay múltiples signos de que el gobernador Ulises Ruiz ha sido rebasado y ahora es tarde cuando la Secretaría de Gobernación se acerca para buscar salidas pacificas; la violencia asociada con el narcotráfico está totalmente fuera de control y no hay una estrategia clara para enfrentar o mitigar el problema, y más recientemente el ejecutivo decidió tomar partido por su candidato en la sucesión presidencial, cuando debió garantizar una contienda equitativa.

Las declaraciones que a lo largo del sexenio tuvieron como común denominador a un México maravilloso, que por cierto no hay tal, se verá reflejado en el último informe que entregará al Congreso de la Unión; la ausencia en la tribuna del máximo recinto por la toma de legisladores del PRD y PT es una analogía precisa de que la fuerza de los problemas y los conflictos mantuvieron en la marginación a un presidente incapaz de llegar a acuerdos y tener acciones eficientes en los diferentes rublos que demanda
México.

La intervención en cadena nacional mostró a un Vicente Fox que se asemeja más a un predicador que sigue vistiéndose de buenas intenciones, pero que en el terreno de la realidad es aplastado por las inercias y la convicción de otras fuerzas vivas en el panorama nacional.

De la misma manera Felipe Calderón arribó por la puerta de atrás a la entrega de su constancia de presidente electo. El ilegítimo proceso electoral será una carga que tendrá que soportar a lo largo de su sexenio.

Tendremos un mandatario negociando la suerte del país en concertasesiones privadas, porque en el terreno público donde se debe gobernar, será increpado constantemente porque arribó al poder en un proceso lleno de irregularidades y basado en una confrontación que considera a sus contrapartes como adversarios. Los conflictos que vengan serán dirimidos con la fuerza, medida que ha demostrado eficacia en Atenco, Oaxaca, Chiapas, el narco, los sindicatos, la Coalición por el bien de todos.

Una elección debería ser una fiesta democrática, en esta ocasión el PAN y la presidencia la han convertido en un cuadrilátero donde los golpes y el encono pasan a ser un espectáculo, suplantando el verdadero espíritu político. La irresponsabilidad con que se condujeron estos dos actores es ineludible, no pueden ahora llamar a la concordia y al diálogo cuando anteriormente se dedicaron a minar el camino de la modernidad democrática, sus acciones han producido un daño social es irreparable, los fines no se pueden conseguir a cualquier costo.

Sin duda la nación se los demandará.

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