OAXACA

Creo que no es sorpresa para nadie, el que haya surgido un brazo armado en el estado de Oaxaca que ya “le declaró la guerra� al gobierno federal.

A decir de mis colegas allá, el centro de Oaxaca es ya tierra de nadie desde hace varias semanas, la población ha visto mermado su derecho a transitar con libertad, acceder a las actividades económicas habituales y también, a organizar su rutina diaria.

Así como la situación en Chiapas llegó a hacerse tan insostenible en su olvido y desidia por parte del gobierno, Oaxaca es un ejemplo más de esos estados del sur a los que los presidentes no voltean ni a ver, con alta densidad de población indígena y atrasos económicos imperdonables. Su gobernador ha sido un fiasco –aunque no hay que olvidar que los oaxaqueños lo eligieron, así como los poblanos a su gober precioso-, cuando a Fox se le pregunta sobre el tema responde unas cuantas frases sin ningún sentido, y Abascal no es el ejemplo de un buen negociador.

Lo que si me sorprende es porqué se estanca tanto cualquier solución viable para devolverle a Oaxaca un poco de tranquilidad. Se están cometiendo abusos –comenzando por negarle a los niños la posibilidad de tomar clases- que no solamente han espantado al turismo, sino que también paralizan a la gran mayoría de los comercios. El detrimento es principalmente para la población, y finalmente, el asunto es esencialmente político. Destituir a un gobernador sería visto como un mal precedente, y ninguna de las partes se flexibiliza. Pero lo repito nuevamente, el gobernador fue elegido por los oaxaqueños.

¿Aprenderemos viendo este ejemplo a prestar atención a las peroratas de los políticos que elegimos?

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