El Foro Shakespeare es el escenario que alberga esta puesta en escena, escrita y dirigida por Carmina Narro.

En un espacio minimalista, con un piso de linoleum entre blanco y azul añil, una mesa de comedor, una mesa de paque, un reclinatorio religioso y una banca, se desenvuelve la historia que gira en torno a Julio y su padre, Julio y su hijo, Julio y su amante. Estos planos se mueven indistintamente en la dimensión del tiempo, por lo que no tienen otra secuencia ni orden sino el del mosaico estructural.

Un saxofón, a cargo de Andrés Loewe nos envuelve en esta dinámica cíclica de padres e hijos, de la insatisfacción constante que se siente entre uno y otro rol y que se repite cuando el hijo es padre y no puede ser lo adecuado para su hijo.

Como los tiempos están entremezclados, vemos la relación de Julio (Carlos Pascual) con su hijo pequeño (Tizoc Arroyo), así como la superposición de tiempo presente, pasado y futuro en un mundo sin lógica de encuentros de vivos y muertos, sin que tenga que ver con nada paranormal, todo se desenvuelve de un modo más freudiano en todo caso.

Julio es asesinado por su amante (Alfredo Herrera) al que conoce siendo este un chichifo de parque, aunque en realidad es “escritor�. La obra comienza con esta atractiva escena. Julio, un hombre sentado tranquilamente en un parque, es seducido por Bruno que con su cuerpo y su poder de convencimiento logra ser llevado a casa de un potencial cliente que a la postre se convertirá en su pareja fija.

Quizá la principal cuestión como espectador al salir de ahí es, cuál es el objetivo de qué me cuenten esta historia. En cierto momento uno se entera del asesinato, así que el que esté muerto, para el final, ya no es sorpresa, tampoco el momento que precede a la muerte, pues uno predice un pelito de amantes, que en este caso no tiene que ver con celos sino con poder, con la lucha de la imagen que el otro tiene de nosotros. Se vuelve un sinsentido la estructura si no es justificada por una lógica interna, bien de la dramaturgia o del montaje. Todo lo atractivo que posee de inicio la puesta se va desvaneciendo, pues si bien cada escena está cargada de cierta intensidad y momento dramático, uno no alcanza a comprender el conflicto general de la obra y el teatro sin conflicto, resulta ocioso.

Carlos Pascual nos regala un trabajo muy natural y fresco que es adecuado al ser el protagonista del drama pues hace contrastar los momentos de tensión con su trabajo tan fluido. Claro que, quizá a partir de la quinta fila los gestos tan sutiles no sean apreciados del todo como lo fue en la primera, pues es cierto que su interpretación era tan suelta que podría no gustar a alguien que busque un poco más de extracotidianeidad o artificiocidad. El conflicto de Julio al ser un padre gay de un niño pequeño que es molestado por sus amigos porque su papá es maricón, no llega a cristalizar en forma de rebote o consecuencia para Ramiro, el hijo. La interpretación que hace del personaje Tizoc Arroyo, a pesar de ser adecuada, pues hay un estudio corporal de la actitud infantil, se vuelve un tanto molesta pues para uno es evidente que el joven treintañero no es un niño y las actitudes que en un infante pueden ser simpáticas, en él se vuelven por momentos pesadas, sobre todo cuando más pequeño es su personaje.

Rodrigo Johnson como padre de Julio, entra en la misma tesitura de naturalidad de Pascual, lo cual crea una buena combinación de padre-hijo, ambos cínicos, humanos un poco ingenuos un poco sabios por la experiencia de la vida. Sus momentos juntos son disfrutables, aunque visualmente estorba el elemento escenográfico del reclinatorio que sólo ilustra la actividad del padre-abuelo y no aporta nada a la composición escénica ni al personaje, pues sólo es usado en una escena.

Alfredo Herrera en su personaje de un Bruno aspirante a escritor pero chichifo para sobrevivir, está dirigido bajo un cliché que rompe muchas veces y deja salir algo más interesante, sin embargo se debate entre estos dos estados.

El montaje pulula entre lo intrínseco de las relaciones, lo sutil y lo ilustrativo como la escena que después de un largo oscuro, nos muestra una mesa llena de sangre, de un momento del que ya hemos escuchado hablar previamente.

*Cabe aclarar que quien aparece en el póster, no es Carlos Pascual.

Foro Shakespeare
Zamora 7, Condesa
Lunes, 20:00 hrs.

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