El fideicomiso del Centro Histórico organiza desde hace tiempo recorridos en
tranvia por las calles del Centro Histórico. Su más reciente paseo es La muerte viaja en tranvía, el cual incluye el recorrido por las calles y un espectáculo teatralizado en la sede del Fideicomiso, la casa de los condes de Heras Soto, que es un hermoso edificio colonial.

La cita es a las 19 horas a un costado de Bellas Artes. La puntualidad no es el fuerte del fideicomiso, quizá crean que porque uno está en la convención de pasear o turistear, no tienen que atenerse al horario citado.

Una vez empezado el viaje, uno va sobre el tranvía acompañado por un guía que, en este paseo, se viste muy elegantemente con sombrero de copa, traje y capa. Él va contándonos algunos datos sobre los edificios e iniciando la promesa de lo que veremos más tarde, un espectáculo referente al día de muertos.

A manera de prólogo, él nos habla ligeramente sobre las tradiciones de los aztecas, sus creencias religiosas y su concepción después de la muerte.

Desde este punto del recorrido surge la duda sobre el público al que está dirigido el trayecto, ya que, por su naturaleza, se pensaría muchas veces que va dirigido a un turismo, ya sea nacional o internacional. Pero para que esto fuera verdad, la información debería de estar mejor contextualizada, no dando por hecho que los usuarios son habitantes de la ciudad que ya conocen de antemano la información.

Por otro lado, si su público mayoritario es el citadino, también está mal dirigida la información, pues habría elementos que son muy obvios, como decirnos «a su costado tienen el Palacio de Bellas Artes». No sólo en este paseo, sino en general los de los tranvias de los estados manejan
cierta «historia» que parece a conveniencia personal de los guias, por lo que sería más interesante que se informaran en diversas fuentes.

Lo que sí es cierto es que en este caso, el guía fue muy simpático y creó una atmósfera cómoda y entretenida. Al llegar al edificio colonial se lleva a cabo una representación de aproximadamente una hora. En ella se nos presenta a la catrina, interpretada por Arturo Rosales, quien en una manera travesti se presenta a sí mismo (a) cantando La llorona, es acompañado por un guitarrista que durante la representación mostrará ampliamente su talento. Juntos interpretarán de manera intercalada un repertorio de canciones mexicanas.

La catrina de Rosales es inconstante, comenzando por el maquillaje tan basado en los personajes creados por el cómico Dario T. Pie, que da pie a la reflexión sobre si porqué no utilizar un maquillaje personalizado que no aluda a esta imágen.

Posteriormente, en el canto tiene momentos sublimes, muy acoplados no sólo con el músico sino con la combinación entre interpretación y técnica, pero también tiene otros, dentro de la misma canción donde se va al extremo contrario, desafinando o desentonando. Mientras el texto exuda mexicaneidad se encuentran incongruencias sobre la forma, pues en un zapateado que se avienta, el interprete no está ceñido al folklor mexicano, remitiendo más bien a un estilo flamenco.

Sin embargo es necesario decir que la experiencia se le nota y que él la estructura que sostiene el espectáculo completo, sacando a flote los errores propios y ajenos y sobre todo logrando por su personalidad una gran empatía con la gente, lo cual no es poca cosa.

Quizá el mayor problema deviene en que el tema de día de muertos realmente no es tratado, ni siquiera de manera superficial. Pues en lugar de hablar de la tradición, optaron por introducir fragmentos teatralizados acerca de Benito Juárez y su esposa, Margarita, en contraste con el emperador Maximiliano y su esposa Carlota. Estas intervenciones son muy largas, la forma tan ortodoxa de contar la historia hace que estos personajes no se humanicen y sigan siendo finalmente una monografía de papaelería en tercera dimensión. Esto aunado al hecho evidente de
que de estos cuatro personajes, sólo la intérprete de Margarita es una actriz profesional, hace que tengamos que ver poses, vicios y momentos de amateurs que aunque intenten sacar adelante su papel no saben la manera técnica de exclamar o emitir un grito por la muerte del ser amado, por dar un ejemplo.

Por momentos es incomprensible la intención del fideicomiso, pues no logran tocar el tema de día de muertos, el paseo por el tranvía no es tan extenso y la representación, a pesar de lo entretenido de la catrina, se torna aburrida y larga en muchos momentos, nos llenan de fechas y datos pues justamente su concepción de historia es modernista, decimonónica y no atiende al caracter humano, de virtudes y defectos, de quienes crearon la historia. Para ellos sería bueno que tomaran como referencia el trabajo hecho por el dramaturgo Flavio González Mello, quien con 1822 y Lascurain dio un tratamiento muy interesante a hechos históricos. Por otro lado, creen que su público se sentirá beneficiado de cualquier extra, como dar pan de muerto y café y no hacen por profesionalizar su quehacer, ya que es evidente que no toda la gente implicada es un experto en el área. Al principio, en el tranvia, la primer intervención es una mujer que se sube y hace una oración, pero trae en la mano un «acordeón» con su mínimo texto, al cual recurre dos veces en un lapso de 30 seg.

Hay detalles básicos que van más allá del dinero. En la escena entre Benito Juárez y su esposa, ambos están escribiendose misivas. El hombre que representa a Juárez trae consigo una hoja bond actual en la que está escrito el libreto. Ella, por el contrario, trae una hoja que simula un papiro antiguo en el que quizá, puedan estar también sus líneas, sin embargo no lo notamos, y en el teatro o lo que se precie de llamarse como tal, eso es lo importante, lo que se ve.

Estas características adquieren valor en función de un elemento, el costo, se habla de los problemas de producciñon que existen para llevar a cabo el paseo, sin embargo el costo por este viaje específico es de $180. Así que si el público está pagando esta cantidad, merece resolución y no pretextos.

Como sea, es una buena opción para salir de la rutina de un día entre semana por la noche (si usted está dispuesto a pagar ese costo). La ofrenda construida en el palacio de los condes, aunque no es tradicional debido a los colores utilizados (blanco y negro), es muy bella. Y sobre todo, vale la pena poder observar el Centro Histórico con los ojos de la noche, sin tanto tráfico, ni puestos ambulantes, notando edificios majestuosos que nunca hemos visto, creandose la ilusión de visitar una ciudad nueva o bien, en la que por arte de magia, aparecieron edificios de un momento a otro.

Martes, miércoles y viernes 19:00 hrs.
Reservaciones e informes al 5512 1012

5 Comentarios

  1. En efecto, estoy de acuerdo con los comentarios antes expuestos. «La catrina» Arturo Rosales es sin duda un excelente actor me gustó, no obstante el entretenimiento es más de tipo coloquial y artístico que de huella histórica y culto ritual de nuestros ancestros. Dan datos interesantes, sí, pero con una visión o estilo moderno y contemporáneo. -Ojalá y hubiera sido más largo el paseo. Grax, Bye.

  2. me parece muy muy atractivo me encanta asisitir a eventos de este tipo porque realmente brindan un espectaculo sencillo pero muy muy hermoso la verdad muchas felicidades estan haciendo algo realmente valioso para Mexico, porque muchos de nosotros no tenemos ni idea de en donde estamos parados cuando caminamos por el centro como bien lo dijo el guia, saludos, por cierto hay alguna oportunidad de ser parte de su equipo???

  3. las tradiciones como la del dia de muertos son las mejores que hay en le mundo. nos an querido igualar pero eso nunca se podra el «jaloguin» nom erece ni que se escriba de la forma correcta es basura y lo de nosotros es amor a la muerte que dentor de la escencuia del mexicano se creo durante cientos de anios .asi es que cuiden nuestras tradiciones es lo que yo peidria a todos nuestros hermanos mexicanos

  4. Iliana Muñoz tus comentarios son muy agresivos, una cosa es que tu critica sea constructiva y otra que trates de fastidiar a la gente, te conduces de una manera bastante petulante propia, me imagino de la inmadurez de juventud. En hora buena para todos y que viva nuestra hermosa ciudad!

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