En un día como hoy…pero de hace 84 años nació el escritor portugués José Saramago, uno de los novelistas actuales más apreciados en el mundo y es por esto que quiero compartirles algo sobre su vida y su obra para que lo conozcamos un poco más y en una de esas se decidan a leer alguna de sus obras.

Nació en una familia de campesinos sin tierras y de escasos recursos económicos. El escritor debió llamarse José de Sousa (Saramago era un apodo), pero el funcionario del registro civil se equivocó. Tuvo que abandonar la escuela y trabajar desde pequeño, a pesar de ello, se leyó toda la biblioteca pública de su barrio. A los 22 años se casa con Ilda Reis, y escribe su primera novela, Tierra de pecado, que se publicó en 1947 sin mucho éxito; pero a pesar de las buenas críticas y de haber escrito Claraboya nunca la publicó y decidió no publicar más durante los siguientes 20 años. Argumentaba que: “no tenía nada que decir y cuando no se tiene nada que decir lo mejor es callar�. (Buena frase).

Mientras tanto colaboró en un periódico pero al poco tiempo fue expulsado por cuestiones políticas; fue crítico literario y comentarista cultural. Fue hasta 1966 que publicó Poemas posibles y más adelante Probablemente alegría. Su obra comprende novela, cuentos, relatos, poesía y obras de teatro como: Alzado del suelo (novela histórica con estilo humorístico y sarcástico); Memorial del convento, El año de la muerte de Ricardo Reis, La balsa de piedra, Historia del cerco de Lisboa, Cuadernos de Lanzarote, Ensayo sobre la ceguera (en la que el autor cuestiona si cabrá la esperanza tras el milenarismo que vive la humanidad); La caverna, El hombre duplicado, Ensayo sobre la lucidez, entre otras. El Evangelio según Jesucristo es quizá la más controvertida por la polémica que despertó en su país pues el gobierno de Portugal vetó su presentación al Premio Literario Europeo de 1991, alegando que su obra ofendía a los católicos. Como protesta, el escritor abandona Portugal y se instala en Lanzarote, en Islas Canarias.

Su estilo de prosa es único. Saramago es escéptico, intelectual, solidario; mantuvo y mantiene una postura ética, estética y comprometida con los hombres. Escribe oraciones muy extensas, usa una puntuación que a primera y segunda vista puede parecer incorrecta al no delimitar los diálogos; hacer oraciones de más de una página y usar comas en lugar de puntos y sus párrafos, a veces, son tan largos como un capítulo de los escritores convencionales. Es dueño de un mundo propio, minuciosamente creado, libro por libro. En sus novelas introduce divagaciones y reflexiones personales de todo tipo, y hace un análisis crítico de distintos aspectos de la realidad. Se denuncian procesos de decadencia en la sociedad actual, y siempre hay algún personaje que de forma excepcional actúa contra corriente con valentía en aquello que está a su alcance, sin demasiada heroicidad y a veces rozando el patetismo. Según el escritor, son estas excepciones las que hacen que el mundo sea habitable.
Formó parte de la Revolución de los Claveles, que llevó a la democracia a Portugal en 1974, es militante del Partido Comunista Portugués y está comprometido en numerosas causas humanitarias. En cuanto a su vida personal se divorcia de Ilda en 1969 y vario años después, conoce a la periodista española Pilar del Río, quien hoy en día es su esposa y la traductora oficial de sus obras al castellano.

En 1998 gana el premio Nobel de literatura, convirtiéndose en el primer escritor de lengua portuguesa en obtener este premio.

Su nuevo libro, que saldrá a finales de este mes, Las pequeñas memorias, es una autobiografía de su infancia donde busca conocer mejor al niño que lleva dentro y asegura que será muy diferente a lo que la gente espera del género autobiográfico.

Para finalizar aquí les dejo un breve poema y un fragmento de Ensayo sobre la ceguera.

Salmo 136

Ni por abandonadas se callaban
Las harpas de los sauces suspendidas
Si los dedos de los hebreos no las tocaban,
En las cuerdas tensas el viento de Sión
La música de la memoria repetía.
Mas en la Babilonia en que vivimos,
Sión en el recuerdo y el futuro,
Hasta el viento calló la melodía.
Tanto nos dejamos arrasar,
Más que el cuerpo, el alma y el deseo,
Que ni sentimos ya el hierro duro,
Si nos dejaron la vanidad de lo que fuimos.
Tienen los pueblos las músicas que merecen.
Poema incluido en Poesía completa, volumen publicado por Editorial Alfaguara

Ensayo sobre la ceguera (fragmento)
«De la puerta del ala derecha empezaron a llegar voces anunciando que ya no quedaba sitio, que todas las salas estaban llenas, hubo incluso ciegos que fueron empujados de nuevo hacia el zaguán, exactamente en el momento en que, deshecho el tapón humano que hasta entonces atrancaba la entrada principal, los ciegos que todavía estaban fuera, que eran muchos, empezaban a avanzar acogiéndose al techo bajo el cual, a salvo de las amenazas de los soldados, irían a vivir. El resultado de estos dos desplazamientos, prácticamente simultáneos, fue que se trabó de nuevo la pelea a la entrada del ala izquierda, otra vez golpes, de nuevo gritos, y, como si esto fuese poco, unos cuantos ciegos despistados, que habían encontrado y forzado la puerta del zaguán que daba acceso directo al cercado interior, empezaron a gritar que allí había muertos. Imagínese el pavor. Retrocedieron éstos como pudieron, Ahí hay muertos, hay muertos, repetían, como si los llamados a morir de inmediato fuesen ellos, en un segundo el zaguán volvió a ser un remolino furioso como en los peores momentos, después la masa humana se fue desviando en un impulso súbito y desesperado hacia el ala izquierda, llevándose todo por delante, rota ya la línea de defensa de los contagiados, muchos que ya habían dejado de serlo, otros que, corriendo como locos, intentaban escapar de la negra fatalidad.
Corrían en vano. Uno tras otro se fueron todos quedando ciegos, con los ojos de repente ahogados en la hedionda marea blanca que inundaba los corredores, las salas, el espacio entero. Fuera, en el zaguán, en el cercado, se arrastraban los ciegos desamparados, doloridos por los golpes unos, pisoteados otros, eran sobre todo los ancianos, las mujeres y los niños de siempre, seres en general aún o ya con pocas defensas, milagro que no resultaran de este trance muchos más muertos por enterrar. »

¡Feliz Cumpleaños Saramago!

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