Tenía tantas ganas de ver «Babel«. «Amores Perros» me agradó bastante, a pesar de la crueldad de algunas de sus escenas. La manera en que Alejandro González Iñarritu, director de la misma, logró hilar las diferentes historias con el accidente de auto, me pareció extraordinaria. «21 gramos» me pareció razonablemente buena, y tenía grandes expectativas sobre «Babel», su más reciente película.

Babel. La mítica ciudad bíblica en la que una arrogante civilización decidió construir una torre alta como ninguna otra, tan alta que le permitiría alcanzar el cielo sin necesidad de intervención divina. Como reprimenda, Dios introdujo confusión entre esta civilización al hacer que los hombres hablasen diferentes idiomas. ¿Pueden imaginar el horrible desastre que aconteció? Ninguno de los trabajadores podía entender a los demás, y el caos y la confusión reinó, deteniendo la construcción de la torre. Así, la película «Babel» toma prestado varios elementos de este pasaje bíblico. Narra cuatro historias completamente independientes, pero entrelazadas por unas sutiles relaciones entre sus personajes. Las cuatro historias tienen que ver con tragedias acontecidas por problemas de comunicación. Y el resultado es un amasijo confuso de hermosas escenas e historias dignas de ser contadas, pero no por eso menos confuso.

«Babel» es difícil de describir. Sus cuatro historias son todas de considerable longitud, envergadura, y con drama y tragedia suficiente para una historia propia. Cada una ocurre en un lugar diferente, y con un idioma propio. Cada loco con su cuento. Por una parte, se encuentran dos niños pastores marroquís, que probando el alcance de una escopeta terminan usando de blanco un camión de pasajeros y hieren a una turista norteamericana, incidente inmediata y nada sorprendentemente atribuído a un ataque terrorista. Por otra parte, tenemos a una pareja de norteamericanos que se encuentran vacacionando en Marruecos, intentando parchar su matrimonio, pero las cosas se complican cuando la mujer resulta ser la desafortunada turista que recibe el balazo. Otro hilo más cuenta la historia de los hijos de la pareja, que terminan experimentando un inusual y poco alentador viaje a Tijuana en compañía de su niñera mexicana y su alocado sobrino. Y la cuarta historia, que parece tener poca relación con las demás hasta
cerca del final, nos acerca a la vida de una joven sordomuda japonesa, el rechazo que sufre por parte de la sociedad y la dificultad que experimenta para sobrellevar la muerte de su madre.

Caray, cuanta tragedia en tan poco tiempo. Y ese es el principal problema de la película. El hilo que une las diferentes historias es muy débil, y aunque cada historia por separado es conmovedora e interesante, en particular la secuencia en Japón, tanta tragedia junta parece forzada, como si el director simplemente tuviera deseos de mostrar lo horriblemente espantosa que puede ser la vida. Cada secuencia tiene sus méritos, pero juntas, a mi parecer, no funcionan.

3 Comentarios

  1. No puedo decir que disfruté Babel. Independientemente de que la producción sea de calidad, creo que es vergonzoso la imagen pobre e incompleta que presenta a todo el mundo de cómo es México. Creo que escenas y fotografía más decadentes de la zona fronteriza no pudo encontrar, cuando en esas zonas también hay mejores paisajes, vecindarios y sobretodo, gente de mayor cultura y comportamiento. Y lo más vergonzoso es que el que el Director es Mexicano. En Babel, pintan al “pobre” pueblo Estadounidense que es el que sufre por la corrupción y problemas sociales, políticos y económicos del resto del mundo, en este caso: los pueblos retrógrados (bajo su punto de vista) como son la sociedad mexicana, marroquí y japonesa. No niego en el caso de México que haya problemas generados por los inmigrantes ilegales, pero porqué Alejandro González no presenta también la brutalidad que la policía estadounidense tiene con los inmigrantes que arresta? Y la discriminación con que los trata? La respuesta es sencilla, porque si no ni siquiera hubiese sido del agrado del público norteamericano, y por ende ni siquiera nominado para los Oscares. Me alegro que haya perdido en casi todas sus categorías, y que la única que ganó fuera gracias al excelente trabajo del Argentino Gustavo Santaolalla. Por mi parte creo que es una muy mala imagen que dejó de México en todo el mundo, con cierta discriminación y malinchismo, y el ver Babel solo me dejó una decepción y pérdida de tiempo, misma que no volverá a suceder ya que no volveré a ver una película de Alejandro González y voy a promover que la gente que conozco apoye mi idea.

  2. No estoy de acuerdo con Guillermo:
    Yo vivo en la zona fronteriza entre México y E.U. Después de ver «Babel» me quedé verdaderamente impresionada por la fidelidad con la que GI (González Iñárritu) proyecta la esencia más popular de estas regiones. Y me limito a llamarla «popular» porque ciertamente es la panorámica más común que se puede ver acá; a quien le parezca «vergonzosa» o «negativa» debería caer en la cuenta de que así esa es la cotidianidad en algunos estados del norte.
    GI aclaró desde antes de estrenar «Babel» que su objetivo era proyectar la realidad entre algunas culturas que más distintas, no podrían ser, y a mi parecer lo logró.
    Guillermo, si a ti te pareció pésimo su trabajo, está bien, ¿pero hacer que las demás personas tengan tu idea? Hay que respetar, diría yo.

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