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El día de la intolerancia…y Constantina no estaba, del joven dramaturgo Hugo Abraham Wirth se presenta bajo la dirección de César Manjares en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico.

La obra plantea tres historias coexistiendo en un mismo tiempo, en diferentes espacios, aunque con una distancia geográfica muy corta, lo que hace, que irremediablemente todos los personajes converjan de manera directa o indirecta. Este diseño está predeterminado por la dramaturgia, que, muy acorde a su contexto, está inserta en una corriente que no requiere de focos centrales de atención, que impone textos simultáneos, que salta de un texto a otro, haciendo el trayecto hacia la otra anécdota, que en principio parece inconexa, pero después adquiere la forma. El juego es parecido a aquellos cuadros y hologramas donde se veían formas abstractas detrás de las cuales había escondida una figura y una vez que esta era descubierta por su espectador, no podía dejar de verla, para regresar a la amorfidad.

Está plagada de elementos kitch en el lenguaje, con referencias a épocas y personajes específicos. Podría ser fácilmente una crítica que se torna nihilista, pues refleja ridículos a los escritores de novelas rosa y de autosuperación (Constantina es el alter ego de Carlos Cuauhtemoc Sánchez o Jorge Serrano Limón), diputada y escritora, con sus incongruencias y su mundo de fantasía y de moral apretada que tiene la depravación en casa, Horacio(Juan Carlos Vives), su marido, que se viste de mujer, tiene personalidades múltiples y se masturba leyendo los libros de su esposa. Por tanto, se burla de los consumidores de estos libros, pero también de aquellos grupos juveniles que, en este caso son representados es los personajes de Claus (Lucero Fernández) y Balam (Mario Alberto Monroy) se manifiestan bajo el departamento de la escritora exigiendo cosas absurdas, de una manera muy anquilosada, tomando como pretexto el asunto para darle pasión a su vida, queriendo “ser parte de la historia� siendo absurdamente ignorantes.

La otra parte del triángulo está compuesta por una abuela (Evangelina Martínez), vecina de Constantina, quien vive indignada porque por culpa de la diputada tuvo que cerrar su “casa de citas� y espía por su ventana el departamento de su enemiga, acompañada de su nieto homosexual Ray (Rafael Morán). Su historia cambia radicalmente y podría remitir, en temática, que no en forma, a la planteada en Réquiem por un sueño, donde la fama efímera de la T.V. toma mucha importancia.

El texto dramático propone claramente una farsa, que no siempre es asumida por la puesta en escena por factores como ritmo, pues es muy importante que los intérpretes estén concentrados tanto en lo suyo como de escuchas, atendiendo sus pies, provenientes de otra escena simultánea; diferencia de tono y empatía entre los actores, confusión al asumir un personaje fársico (aun cuando para el espectador es evidente lo absurdo del asunto, el actor debería asumirlo de manera sincera y honesta). En este género es muy importante que el público entre con disposición a la convención planteada. Esto depende del número de gente (por cuestiones de sociología de las masas) y de particularidades del día y hasta de carácter y personalidad que deben sincronizar. En esta función era difícil encontrar momentos de comunicación y dependía de ambos lados, por supuesto.

La Gruta expone un espacio, que si bien no está vacío, da la sensación de estarlo, quizá por el minimalismo cromático rojo-negro, la distancia con la butaquería o la disposición de elementos escenográficos. La simultaneidad de voces parlantes y pensantes se logra bien, dado que el espacio del Foro es pequeño, sin embargo no es considerada esta situación para el volumen utilizado, pues generalmente la estridencia es la constante en la voz, no sólo en el sinfín de palabras altisonantes que son pronunciadas sino en el volumen tan alto, innecesario en un espacio escénico de esas dimensiones.

En una esquina del escenario hay un refrigerador rojo, elemento multisimbólico. Por el se proyectan imágenes, primero de anime japonés y posteriormente una especie de rayos, gotas o frecuencias deslizándose verticalmente. El frigorífico es “clóset� del depravado esposo a la vez que una puerta que conecta con otras dimensiones de la ya de por sí absurda realidad planteada (habría que recordar que entre el absurdo y el realismo hay una frágil línea), así como un aparato que congela en su interior una sorpresa.

Se nota una preocupación, no del todo lograda, pero ampliamente probada, por los elementos de producción, por una construcción de diseño de arte. Quizá haya más énfasis en esto que en la dirección de actores, quienes se ven acudiendo personalmente a su experiencia. Hay mucha tela de donde cortar para obtener risa, reflexión, entretenimiento, enojo, aburrición o incluso hasta la opción de salir preguntándose ¿qué me quisieron decir?, todo depende, claro, del espectador.

EL DIA DE LA INTOLERANCIA Y CONSTANTINA NO ESTABA

De Hugo Abraham Wirth
Foro La Gruta
Av. Revolución 1500
Miércoles 20:30 hrs.

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