Coincide que Vicente Fox y Ricardo Lavolpe han dejado sus puestos, de presidente de México y de entrenador de la selección nacional de fútbol respectivamente.

Ambos al llegar a sus puestos fueron vitoreados y a lo largo de su gestión se reclamaron apoyos incondicionales. En ambos casos, México como país y como selección de fútbol, los resultados fueron mediocres, un rotundo fracaso.

Los últimos días fueron brutalmente enjuiciados, pero con justicia, ya que las grandes expectativas que había en política y fútbol no fueron correspondidas por los resultados.

Quizá no fueron ellos quienes se equivocaron, sino los electores que llevamos a Vicente Fox a la presidencia, no tuvimos el tino de elegir a una persona con la capacidad de obtener buenos resultados en el ejercicio de gobierno. De igual manera quienes decidieron que Ricardo Lavolpe llevaría a la selección al campeonato mundial tampoco eligieron bien, la actuación de la selección en la cancha fue mediocre y lo que atrajo los reflectores fueron los rumores y peleas con jugadores, entrenadores, directivos y patrocinadores.

Sin duda la historia se repite, muchas alabanzas a Felipe Calderón y a Hugo Sánchez, uno nos llevará por el camino del primer mundo y el otro nos hará campeones del próximo mundial.

Si vuelven a pasar los años y nos encontramos nuevamente maldiciendo a Felipe Calderón y a Hugo Sánchez por no haber cumplido todo lo que nos prometieron, seguramente no estamos aprendiendo nada porque cometemos los mismos errores cuando tomamos decisiones.

Vale decir que no es una virtud el optimismo sin fundamentos, la falsa alabanza que ahora gritamos a los cuatro vientos, pero que al cabo del tiempo se transforman en lamentos y ofensas. No podemos darnos el lujo de la ignorancia, la hipocresía, la simulación… mucho bien nos haría por el contrario una dosis de realidad.

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