La institución jerárquica de la Iglesia católica, Opus Dei, reconoció que este 2006 la exhibición de la película «El Código Da Vinci» fue un «dolor de cabeza que hubiéramos preferido evitar», al hacer un balance anual de acontecimientos.

En un texto que circula entre los miembros de la institución religiosa que explica cómo fue la estrategia usada por «la obra» ante el filme, basado en el libro de Dan Brown y estrenada en mayo pasado.

Firmado por Marc Carroggio, encargado de relaciones públicas en Roma, Brian Finnerty, de Nueva York y Juan Manuel Mora, del departamento de Comunicaciones del Opus Dei en Roma, el documento de siete páginas hace una reseña de los acontecimientos en torno al tema.

El «Código Da Vinci» apareció en su versión editorial por primera ocasión 2003 y desde ese momento provocó una encendida polémica en los ámbitos eclesiásticos por las teorías que planteaba.

Adornados por una trama misteriosa y de novela se establece en el libro que la Iglesia Católica habría ocultado desde siempre la existencia de unos supuestos descendientes carnales de Cristo y María Magdalena.

Así un monje albino del Opus Dei (presentada como una especie de sociedad secreta al servicio del Papa) recorre el mundo para asesinar a quienes buscan este Santo Grial, la descendencia real de Jesucristo.

En su sección «Conclusiones», la organización religiosa estableció que «el Código Da Vinci nos ha dado hasta ahora muchos dolores de cabeza que, ciertamente, hubiéramos preferido evitar».

«Junto a ello, hay que reconocer que la decisión de comunicar abierta y positivamente nuestro punto de vista, de manera proactiva, ha proporcionado una estupenda ocasión par hablar sobre la fe cristiana, la Iglesia y el Opus», agregó.

Los autores consideraron dos puntos en este apartado: la lección y el deseo. En el primero indicaron la importancia de cuidar las iniciativas de comunicación respecto al contenido y a la forma.

En el deseo señalaron que «los poderosos sean más respetuosos, que decidan libremente mejorar sus estrategias y las hagan más abiertas, menos arrogantes, al descubrir que el respeto no perjudica los negocios no rebaja el arte».

«Los poderosos de nuestras sociedades desarrolladas son, muchas veces, las grandes empresas de comunicación; a más poder, más responsabilidad y en el campo comunicativo no se puede absolutizar el beneficio en perjuicio de la audiencia»,
dijeron.

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