Durante los meses de enero y febrero (2007), en el número 83 de la revista Arqueología Mexicana, se nos presenta una serie de artículos dedicados al tema de los Cenotes en el �rea Maya, los cuales constituyen uno de los rasgos más llamativos del paisaje de la península de Yucatán. Resalta que en las últimas décadas se han emprendido estudios con métodos y técnicas acordes a la complejidad que implica la naturaleza de estos sitios.

Así, las exploraciones subacuáticas realizadas a la fecha han arrojado un buen caudal de datos arqueológicos. Entre los estudios llevados a cabo se encuentran los de tipo geológico, que explican el proceso de formación de estos peculiares pozos. También hay análisis de su relación con el desarrollo de las grandes ciudades de la región.

En el artículo Cenotes y asentamientos humanos en Yucatán, de Tomás Gallareta Negrón, el especialista destaca que sin lugar a dudas los diferentes tipos de cenotes de la planicie norte de la península desempeñaron un papel destacado en la colonización y el desarrollo de la vida civilizada, tanto en la época prehispánica como en la colonial y contemporánea.

Sin embargo aclara que “la relación entre los cenotes, las comunidades arqueológicas y su forma de organización política no es evidente, aunque hay indicios de que el ‘anillo’ que forman en Yucatán pudo haber servido de frontera entre unidades vecinas en sus lados oeste, sur y norte�.

Por su parte, Rafael Cobos participa en esta edición con el artículo El cenote sagrado de Chichén Itzá. Se trata de un texto que contiene los resultados de dos periodos de investigación subacuática que han permitido la recuperación de abundantes materiales culturales, los cuales confirman el uso ceremonial de los mismos.

En el texto, el investigador señala que como resultado de esos trabajos se recuperaron tanto materiales arqueológicos como restos esqueléticos de individuos, lo cual da cuenta del prolongado uso que tuvo ese cuerpo de agua. Las épocas de mayor auge fueron el Clásico (800 d. C.-1100 d. C.) y el Posclásico (1100 d. C.-1550 d. C.).

El primer periodo se asocia con el esplendor de Chichén Itzá y el segundo representa el uso del Cenote Sagrado como un lugar de culto y peregrinaje.

“Los objetos –señala Cobos en su texto– fueron arrojados como resultado de prácticas rituales asociadas con individuos sacrificados; los restos esqueléticos corresponden a personas que murieron en tierra y que posteriormente fueron arrojadas a las aguas del cenote.

“Los estudios en los restos óseos confirman que los sacrificados a las aguas del cenote más importante de Chichén Itzá fueron tanto hombres como mujeres de diferentes edades�.

Luis Alberto Martos López escribe sobre Los cenotes en la actualidad. En su texto comenta que estos lugares siguen teniendo una enorme importancia. Aunque subsisten ciertas prácticas de su antigua veneración, es claro que su significado dista mucho de lo que eran para los antiguos mayas.

“Hoy día su valor está asociado al turismo que florece en varias regiones, sin dejar de lado el abastecimiento de agua que proporcionan. Por ello, para cuidar estos mantos acuíferos se requiere del compromiso de autoridades, ciudadanos, empresas y de los propios visitantes�.

En otras secciones de la publicación, destaca el texto “Hallazgo de la lápída monumental con la representación de Tlaltecuhtli, en el Templo Mayor, en el que participaron José �lvaro Barrera, Alicia Islas, Gabino López, Alberto Díez y Ulises Lina, quienes abordan los avances de este trabajo, que se dio como parte del Programa de Arqueología Urbana del INAH.

El descubrimiento se realizó en octubre de 2006. Con la finalidad de conocer las dimensiones de la pieza se levantó el piso del inmueble donde se encontraba, conocido como Casa de las Ajaracas, entonces se identificó un relieve que representa a la deidad de la tierra.

Se trata de Tlaltecuhtli, dios de aspecto femenino que porta un faldellín de fémures humanos cruzados y cráneos con tiras de cuero trenzadas que terminan con caracoles marinos. Su rostro es humano y tiene la boca descarnada, a la que llega un líquido precioso que probablemente representa sangre.

Los especialistas responsables del proyecto destacan que una vez estabilizado el monolito, el siguiente paso será continuar con las investigaciones tanto en el sitio como en los laboratorios correspondientes.

La pieza se ha protegido para prevenir un secado violento, humectándola con agua destilada y cubriéndola de una exposición directa a la luz solar, pues esto provocaría desprendimientos o pérdidas del material.

Fuente Conaculta

1 Comentario

  1. Me da gusto que ya hayan iniciado con los trabajos de limpieza y restauración de la monumental escultura de Tlaltecuhti encontrada frente a las escalinatas del Templo Mayor de México. Pero me gustaría que ya dieran a conocer con claridad el nombre de quien hizo este grandioso descubrimiento. Ya trancurrió un año y las autoridades de Instituto Nacional de Antropología e Historia han pasado por alto esta información tan relevante. Se ha púbicado que este hallazgo se debió a todo un «equipo» de investigadores, considero que no es justo para la historia de nuestro país y sobre todo para la persona que le corresponde este derecho. Es urgente que las autoridades correspondientes tomen cartas en este asunto. Esta información será relevante al momento de exhibir al público esta magnífica escultura se debe esclarecer este tipo de información y dejar los asuntos de política a un lado es por el bien de nuestra historia. Gracias de antemano por su respuesta.

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