El Museo Nacional de Culturas Populares (MNCP) abre sus puertas a esta gran muestra llamada El Juguete Popular Mexicano.

La exposición -integrada por 328 piezas de diferentes materiales, función lúdica y procedencias- incluye una colección de retablos y nichos en miniatura de los pintores María Teresa Romero y José Valdés, cuyas obras acopian jarritos de Tonalá, platitos laqueados de Morelia, palma de Veracruz y Puebla y barro negro de Oaxaca, entre otros muchos objetos de cerámica y madera.

La vida es una cajita –título de esta muestra artesanal compuesta por 24 nichos y retablos- reúne paisajes, espacios y ambientes cotidianos de los entornos rural y urbano de México: casas, tiendas, plazas, talleres, recintos religiosos, altares de muertos, cocinas, lavaderos, sanitarios, comercios, bodegas, árboles de la vida , mercados y cantinas.

Las miniaturas están elaboradas -igual que los juguetes de uso manual- con todos los materiales posibles: madera, barro, pintura, textiles de todo tipo, hojalata, pintura, flores, raíces, granos, papel, plástico, plumas de ave, fibras, caracoles de mar, cuero, esmalte, tela, vidrio soplado, restos de utensilios domésticos e incluso migajón.

La colección de juguetes de manipulación infantil reúne baleros, trompos, yoyos, muñecas de trapo, animalitos de diversas especies y materiales, instrumentos musicales, soldaditos, alcancías, mueblecitos y utensilios domésticos, churumbelas, matatenas, soldaditos, alfeñiques (figuras de azúcar), etecétera.

La exposición está organizada por ramas artesanales, según los materiales con que están hechos: cartonería, hojalatería, cerámica o alfarería, madera, plomo, fibras vegetales, tela, vidrio soplado, carrizo y bejuco. Éstos, el barro y la madera fueron de mayor uso en la época prehispánica.

La mayoría de los juguetes son producto de la fusión de modelos prehispánicos y españoles aunque algunos, como los de hojalata y plomo, proceden de otros países europeos y llegaron al país durante o después de la Colonia. Los soldadidos de plomo, por ejemplo, fueron originarios de Nuremberg, Alemania, en el siglo XVIII.

La madera fue el material con el que se hicieron más juguetes antes de la llegada de los españoles en el siglo XVI. Ya entrada la Colonia fue base para la creación de juguetes rituales que se utilizan en las celebraciones de Semana Santa y el día de San Juan, como las matracas.

La muestra tiene una sección dedicada a los juguetes de temporada, entre los que resaltan el uso de matracas, silbatos, judas y periscopios de cartón en Semana Santa; mulitas en Jueves de Corpus; calaveritas de alfeñique, panes decorados y calacas en Día de Muertos; banderitas, huevos de harina, rehiletes y espadas en las Fiestas Patrias; piñatas, sombreros y silbatos en las posadas; máscaras y disfraces en el Carnaval.

Las canicas, baleros, trompos, yoyos y la matatena, en la que se utilizan semillas de chabacano pintadas, se juegan también por temporadas.

De acuerdo con información del MNCP los principales estados productores de juguetes tradicionales son Colima (trompos y baleros), Chiapas (maromeros de madera y figuras de barro), Chihuahua (muñecas de trapo), Distrito Federal (títeres de barro vestidos con tela), Edomex (muebles, pajaritos e instrumentos musicales de madera, alfeñiques), Guerrero (guajes y jícaras laqueadas, animalitos de madera).

Hidalgo (serpientes y flautas de carrizo), Jalisco (juguetes de barro y vidrio, alcancías y mulitas de palma), Michoacán (silbatos y trastes de barro, muñecas de trapo y madera, guitarras, sonajas de tejamanil), Oaxaca (silbatos y figuras de barro para Navidad, hojalata), Puebla (alcancías con formas de frutas, trastes vidriados y figuras de palma), Querétaro (muebles de madera y paja de trigo, San Luis Potosí (trastes de barro y mulitas de hojas de maíz) y Yucatán (trompos chilladores o churumbelas, barcos de madera y figuras de palma).

La exposición El Juguete Popular Mexicano permanecerá abierta al público hasta el 30 de abril, Día del Niño, en la Sala María Sabina del Museo Nacional de Culturas Populares, Hidalgo 289, Centro de Coyoacán.

Fuente Conaculta

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