Construida a semejanza de la de Sevilla, España, la Catedral Metropolitana es símbolo indiscutible de la Ciudad de México, en la que converge el pasado prehispánico y la influencia cultural española, y donde turistas nacionales y extranjeros viven las actuales manifestaciones de la fe.

Junto a 10 guías, alrededor de 500 personas se sumergieron en los rescoldos del pasado de la sede más importante del poder eclesiástico en la capital del país, a través de las Jornadas de Divulgación del Patrimonio Cultural que organiza la Secretaría de Cultura local.

Con la finalidad de promover la riqueza histórica y cultural de la Ciudad de México, los tutores ofrecieron el recorrido «Oro y plata en un joyel», en el que expusieron parte de la histeria del importante recinto, sometido a intensas restauraciones y que ha sido punto de referencia de los más importantes sucesos del país.

Guiados por la especialista Edith Castellanos, un grupo de alrededor de 70 personas que se desprendió de un conjunto mayor, escucho hoy que la construcción de la Catedral y el Sagrario Metropolitanos, iniciaron con una planta basilical de cuatro torreones en los extremos y techo de madera en el siglo XVI.

Ante la importancia que poco a poco fue cobrando la metrópoli, la antigua catedral resultó insuficiente, por lo que se proyectó la construcción de una nueva y suntuosa catedral, que se hizo a semejanza de la de Sevilla, en el Viejo Mundo.

El proceso de edificación del nuevo recinto fue uno de las más largos de que se tenga memoria en la ciudad, pues inició en 1562 y concluyó hasta 1813, siendo en el siglo XVII cuando se labraron parcialmente las portadas y en el XVIII el interior fue decorado con retablos barrocos.

De entre éstos sobresale por su majestuosidad y belleza el Retablo de los Reyes, elaborado por Gerónimo de Balbás, entre 1718 y 1725, y que recientemente fue sometido a una intensa restauración y limpieza a través de la cooperación cultural entre México y España.

En la construcción de la catedral participaron los más reconocidos arquitectos de la época, como José Damián Ortiz de Castro, quien se encargó de los remates en forma de campanas de las torres, y Manuel Tolsá, quien se encargó de terminar la obra con la cúpula la caja del reloj sobre la que descansan esculturas teologales y la balaustrada.

En tanto, remitió la guía, el Sagrario, construcción adosada a la derecha de la Catedral, representa el apogeo del barroco edificado en tezontle rojo y cantera blanca por el arquitecto andaluz Lorenzo Rodríguez, a finales del siglo XVIII.

Este último segmento, cuenta con dos portadas en cuya principal destacan los 12 apóstoles esculpidos en las caras visibles de los cubos de sus cuatro columnas estípites, mientras que en la columna de la portada que da a la Plaza del Seminario aparecen los 12 profetas.

La lectura iconográfica del Sagrario está sustentada en el Viejo y Nuevo Testamento de la religión cristiana y cada uno de los elementos que integran la construcción se contrapone con un cúmulo de símbolos y alegorías que corresponden a la liturgia católica.

Rincón en el que se resguarda un pasado de sincretismo, lo mismo que la fe de miles de creyentes que acuden diariamente a levantar sus plegarias, la Catedral metropolitana es el símbolo por antonomasia de la ciudad.

Las jornadas de Divulgación del Patrimonio Cultural continuarán el próximo domingo con el recorrido «Por la ruta de los Insurgentes», donde los paseantes conocerán la historia del Parque Hundido y del Templo de San Lorenzo Mártir.

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