En su novela Legión (Editorial Aldus y La Centena del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México 2006) Pablo Soler Frost ofrece una metáfora de la globalización mediante la reconstrucción de Bizancio en un periodo en el que el antiguo Imperio Romano se resiste a desaparecer y su vasto territorio está integrado por centenares de pueblos y culturas de Europa, Asia y África.

Utilizando como vehículo de transportación histórica a Basilio, un legionario de ficción del siglo XI de nuestra era, el escritor mexicano (Distrito Federal, 1965) ofrece asimismo una imagen del periodo en formación de la rica cultura medieval que tres siglos más tarde verterá en la gran poesía épica y juglaresca europea de Italia, Gran Bretaña, España y Francia, y en la formación de la filosofía utópica cristiana que precederá al Renacimiento.

Legión describe un caldero gastronómico en el que el cristianismo primitivo y principesco de Constantino aún están frescos, junto con la sangre de sus santos posconciliares de Nicea; están a debate y combate armado la filosofía de Orígenes y las reminiscencias mágicas y religiosas del Oriente Medio; y en el que el norte y el noreste de Eurasia se anuncian las nuevas invasiones bárbaras que habrán de repoblar de luces y sombras el llamado viejo continente y, en particular, el estrecho del Bósforo, sede de Bizancio y puente de comunicación de ese mundo global descrito en la novela de Soler Frost.

El libro se integra con once capítulos y un epílogo con un total que dan un total de 124 páginas. En el último texto Soler Frost describe el final de las muchas batallas en las que participó su personaje después de inmensos recorridos territoriales al cabo del Imperio Bizantino, poco antes de regresar a su pueblo natal y hallar la paz con sus dos mujeres, con las que nunca procreó un solo hijo.

Una lectura recomendada.

Conaculta

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