Detrás de un buen vino tinto

Descorchar una botella y disfrutar de las virtudes del vino tinto es solamente el último de los eslabones en la vida de éste. Detrás quedan una serie de cuidadosos procesos que tienen como objetivo lograr que la degustación del vino sea una experiencia inolvidable.

No es exagerado calificar de inolvidable al acto de beber vino, si bien para algunos sea solamente una bebida para acompañar platillos o pasar el rato charlando, bien podemos afirmar que hacer vino es un arte y como tal algunas personas hacen un rito del acto de beber.

El viaje comienza en la planta de la uva: la vid. En el entorno hay un complejo entramado que determina el ultimo destino del vino: el tipo y la calidad de la uva, la edad de la planta, el clima de la temporada, la tierra donde se ubica el viñedo (conocido como terroir), los tiempos de poda y cultivo. Estos factores son los que dan la personalidad de la uva.

En los procesos de fermentación (que puede ser uno o más) las levaduras se encargan de transformar los azucares de la uva en alcohol, es entonces cuando ya estamos hablando que tenemos como resultado un vino.

Tras la fermentación el vino ya se puede embotellar para su distribución y venta, o llevarse a barricas de roble americano o francés para que repose y se vea enriquecido por el carácter de la madera y los cambios que siguen sucediendo gracias a la acción del tiempo.

Al describir tan brevemente el proceso de transformación de la uva al vino parece un asunto banal y sencillo, por el contrario es un arte porque se necesita un gran conocimiento para dominar los secretos de la elaboración del vino.

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