A través del programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales, Gustavo Emilio Rosales escribió el libro Intemperancia y situación de una atopía, en el que desentraña las actuales tendencias conceptuales y estéticas de la danza contemporánea mexicana.

Rosales comenta que la palabra atopía hace referencia a un concepto epistemológico retomado del antiguo cosmos griego por Roland Barthes. Con él designa todo aquello que existe fuera de lugar o de una ruta. Es la dimensión de lo inclasificable, extraño, desusado, raro, excéntrico y dispar, términos que, en su opinión, describen perfectamente los territorios en los que se mueve la danza en México.

Dijo que este ensayo fue conformado a lo largo de varios años con base en su actividad como periodista, pero sobre todo como observador de las rutas principales y secundarias del devenir coreográfico. “He sido testigo de la profunda división que existe entre los bailarines, coreógrafos, críticos, investigadores y maestros, y de los esfuerzos se realizan para crear el acercamiento a través de coloquios, seminarios y talleres, de ahí que existan también en el texto reflexiones teóricas y filosóficas”.

Considera que la danza como lenguaje y realidad estética fue mantenida fuera de la posteridad canónica de la historia artística. “Octavio Paz vislumbró que vivimos el fin del tiempo lineal, el tiempo de la sucesión, historia, progreso, modernidad. En la esfera del arte, la forma más virulenta de la crisis de la modernidad ha sido la crítica del objeto. De tal forma, la historia de la danza es, ante todo, la historia de su omisión dentro de los grandes relatos de la historiografía artística”.

En el libro, Rosales asegura que dentro del campo del virtuosismo coreográfico, existe la danza enajenada y la autónoma. La primera parecida a un simulacro de arte, y la segunda, construida con creaciones en las que la imagen e idea no encuentran una frontera definida.

“La danza es un arte que caduca al mostrarse, que no tiene nada que pueda considerarse como verdaderamente durable, un arte sin públicos póstumos, pero a la vez enmarcado dentro de los mayores grados de refinamiento técnico. Quien danza hace de sí mismo una obra de arte, en otras palabras, quien danza se hace danza”.

Finalmente, Gustavo Emilio Rosales dijo que la crítica de danza, por principio, es una labor sobre la pausa. “El transcurso y el ocaso son el punto de partida del hacedor de textos analíticos sobre la transparente tiniebla del acto coreográfico. El crítico de danza, ante la evanescencia de aquello de lo que escribe, asume irremediablemente su vocación de convertirse en hacedor del recordar”.

El libro Intemperancia y situación de una atopía, editado por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, se encuentra a la venta en la red Libros y Arte del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

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1 Comentario

  1. Soy Manuela y vivo en Buenos Aires Argentina, conoci a Gustavo Emilio Rosales a trves de la revista DCO y me interesa mucho su obra…y me parecen muy interesantes las revistas.!.sigue asi saludos.!

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