En la actualidad, los minotauros, los dragones o los cíclopes ya no asustan a nadie. La idea de lo monstruoso cambia con cada época. Eso puede significar que en la actualidad el Diablo ya no asusta a ningún muchacho, pero que el mito del chupacabras corra con rapidez en la sociedad, del mismo modo que fotos de una cucaracha gigante o de un pez con una cara casi humana se distribuyan por Internet. La misma industria de Hollywood ha encontrado en el horror una gran veta para enriquecerse.

Pero en el México virreinal, los horrores eran tangibles y el Diablo era una realidad a la que había que erradicar, pues había encarnado en la forma de temibles dioses y sacrificios humanos entre los indígenas mesoamericanos. Durante la Edad Media los horrores eran ubicados por la mayoría de los escritos como venidos de Asia y África, hasta antes de que Europa supiera de la existencia del continente americano, donde pronto comenzaron a localizar a los monstruos, pues el pensamiento de Occidente ataca y persigue toda concepción ajena al cristianismo, organiza al resto del mundo, le dicta leyes, sin entender a las culturas externas.

Indudablemente lo que más horror causó a los occidentales europeos en tiempos de la conquista, fueron las prácticas de sacrificios humanos. Al presenciarlas, todo se transformó y América fue vista, desde entonces, como el imperio del Diablo que había que exterminar mediante la religión.

Es por ello que la mayor cantidad de imágenes históricas sobre lo monstruoso, tras la conquista, se concentró en relacionar a los indígenas y a sus deidades con lo diabólico y lo bestial. En una iglesia de Tecamachalco y en la Casa del Deán, en Puebla, es posible mirar todavía a animales con cuerpo de mono, largos colmillos y caras de indígenas. En otro templo, ahora en Ixmiquilpan, Guerrero, se hallan pinturas con dragones de varias cabezas, dichas bestias míticas no habían sido imaginadas antes de la llegada de los españoles.

La cultura hispana en América trajo sus miedos y su religión. Además de la mentalidad de que fuera del cristianismo no existe nada y si existe, hay que exterminarlo. Esta religión no estuvo exenta de monstruosidades, como lo prueban ciertas imágenes novohispanas que representan a la divina trinidad con un rostro triple de Cristo de cuatro ojos y tres bocas, que fue prohibido por la Iglesia.

Gran parte de las imágenes y descripciones sobre lo monstruoso fuera del ámbito religioso, se encuentran en La Gazeta de México, publicada entre 1784 y 1821. Lo que más abundan son siameses, que en la época causaban admiración y significaban un reto para los médicos.

El ciclo de conferencias “Aspectos de la vida cotidiana del siglo XVIII novohispano” tendrá su próxima conferencia el jueves 21 de junio de 2007 con la charla Amor y desamor en las órdenes religiosas que ofrecerá el doctor Jorge René González Marmolejo y finalizará el 28 de junio con el tema Sexo y confesión, la Iglesia y la penitencia en los siglos XVIII y XIX en la Nueva España impartida por el mismo especialista e investigador de la Dirección de Estudios Históricos del INAH.

Las conferencias se realizan los jueves a las 19h30 en el auditorio del Museo Casa de Carranza, ubicado en Río Lerma número 35, colonia Cuauhtémoc, en la ciudad de México. Teléfono 5535-2920 y 5546-6494.

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