En su exposición temporal Dibujos mexicanos, el Museo Nacional de Arte exhibe un boceto a lápiz hecho por Diego Rivera en 1929 para su mural sobre la historia de México en el Palacio Nacional. El pliego de papel de 2.5 x 3 metros, muestra los trazos a lápiz que subyacen al fragmento en el que se representa a Fray Bartolomé de las Casas evangelizando a los indios. Este trabajo corona la serie de 89 dibujos que integran la exposición que muestra una panorámica de dibujos mexicanos de los siglos XIX y XX que permanecerá hasta el cinco de agosto.

La exposición, resultado de una revisión que el museo hizo de su acervo, incluye el dibujo imitativo, artístico, esbozos preparativos de pinturas y murales de diversos artistas. El recorrido está organizado en núcleos temáticos: La disciplina del dibujo, Hacia nuevos lenguajes, Espejos de la fisonomía y Alegorías, proyectos y bocetos para murales.

En primer lugar se muestran algunos trabajos de la antigua Academia de San Carlos, en la que se impartía la clase de dibujo como parte del tronco común de la escultura, pintura, grabado y arquitectura.

A finales del siglo XVIII los dibujantes emplearon para sus obras modelos masculinos desnudos, copias de estampas y figuras de yeso. Son representativos de este periodo el dibujo Galo moribundo, de José María Velasco, que reproduce a lápiz una escultura muy utilizada para adiestrarse en el manejo de las sombras y el volumen. De los artistas Adrían de Unzeta y Ramón Hurtado, profesores de la Academia, se muestran dos dibujos de hombres desnudos, en los que se exhibe el conocimiento de la anatomía humana

En el periodo que precede a la Revolución mexicana los artistas desarrollaron el imaginario nacionalista. Se percibe en trabajos como el de Saturnino Herrán, cuya obra El Guerrero, hecha al carbón en 1917, muestra a un hombre atlético de rasgos indígenas, desnudo, apoyado ligeramente sobre las rodillas y tensando un arco para disparar su flecha al cielo.

La evolución del dibujo mexicano recibe la influencia de las tendencias artísticas europeas como el simbolismo. Ángel Zárraga, del cual se exhiben dos retratos de mujeres al carbón, se identificó con esta corriente después de sus viajes por diversos países de Europa. De la misma manera, Roberto Montenegro trabajó con tinta temas alegóricos sobre la muerte.

Al dibujo paisajístico lo afectan el impresionismo y expresionismo, corrientes en boga durante la primera mitad del siglo XX. Una de las muestras más relevantes de este fenómeno es Fumarola del Paricutín, dibujo del Dr. Atl, en el que una espesa columna de humo asciende al cielo desde ese volcán que emerge de la tierra. En la pieza realizada al carbón destacan los trazos en rojo incandescente que representan los ríos de lava recorriendo los terrenos cercanos. El tratamiento de las líneas y el recurso de nuevos lenguajes plásticos permitieron al artista una nueva forma de representar los espacios campestres y semirurales.

En ese mismo sentido, no resultan ajenos los ecos de otras transformaciones en disciplinas artísticas como la literatura y la pintura. El movimiento estridentista ligó la imagen y la palabra escrita. Su retroalimentación vendría después con dibujos como los de Ramón Alva de la Canal, quien retrató al escritor Manuel Maples Arce en 1924. La amistad entre ambos está signada por otros tres retratos que el artista hizo al escritor en distintos años y que son parte de la exposición.

Dibujos mexicanos es también una crónica histórica de la sensibilidad artística mexicana. Los motivos del dibujo van desde el retrato hasta el proceso de industrialización. Los trabajos de Fermín Revueltas, que reproducen andamios, postes y cables de electricidad, son el descubrimiento de un país que cambia. Antonio Pujol también encuentra en las chimeneas, contenedores industriales y máquinas de ferrocarril una inspiración para sus dibujos.

Una parte importante de la muestra la constituye una serie de retratos en técnicas como pluma, grafito, carbón y gouache de personajes como Nahui Ollin, Elías Nandino, David Alfaro Siqueiros y María Asúnsolo. De esta última sobresale el elaborado a lápiz por Muecín, en 1958, y que se acerca a una fotografía. Rivera también la dibujó de cuerpo entero, sentada en una silla de mimbre y ataviada con un huipil, rebozo y sandalias.

Apuntes, bocetos y proyectos de Rivera y Orozco son de especial interés en el núcleo final de la exposición. En estos se aprecia el trabajo previo a los murales de la Casa de los Azulejos del Centro Histórico, el Palacio Nacional y la New School for Southern Research de Massachusets.

Es la primera vez que el Museo Nacional de Arte presenta una panorámica histórica de los dibujos mexicanos en su acervo. Permanecerá abierta hasta el cinco de agosto en la sala de exposiciones temporales.

Conaculta

4 Comentarios

  1. Podrían mostrar la obra de «El Guerrero» de Saturnino Herrán en esta página, ya que muchas de las personas no saben como es este dibujo hecho al carboncillo y no se dan una idea sino han asistido a la exposición.

    gracias.

  2. me parece exelnente dibujo en general todo lo que viene de la escuela mexicana me gusta.
    Soy de chihuahua chih. dibuajante y con un gusto especial por el muralismo.

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