La arena de mar puede contener hasta 10 mil veces más coliformes fecales que el agua marina, por lo que el riesgo para la salud es mayor, de acuerdo con estudios científicos realizados en varios países con destinos de playa. Estos análisis indican que el riesgo de infección se incrementa cuando se realizan actividades recreativas y se remueven los microorganismos potencialmente patógenos contenidos en la arena (1), informó la organización ecologista Greenpeace.

En la última década se han fortalecido los estudios de microorganismos patógenos presentes en la arena de mar en países como Francia, Italia, Israel, España, Reino Unido, Nueva Zelanda y Estados Unidos, en donde se ha encontrado la presencia de bacterias fecales, enterovirus, salmonela, estafilococos y hongos (2, 3, 4).

“Si bien hasta la fecha no se ha definido una metodología única para analizar la cantidad de bacterias fecales en la arena de mar (3), este tipo de estudios están tomando cada día mayor relevancia en el ámbito internacional. Sin embargo, en lo que respecta a México las normas y las mediciones actuales se han enfocado en establecer los niveles de bacterias contaminantes en el agua de mar, dejando de lado el hecho de que muchos turistas tienen más actividades creativas en la arena, especialmente los niños (2)”, afirmó Alejandro Olivera coordinador de la campaña de océanos de Greenpeace.

Está demostrado que los sedimentos como la arena funcionan como fuentes de contaminación para las mismas aguas marinas (2), ya que alrededor de 30 por ciento de las bacterias contenidas en la arena de mar se resuspenden en el agua (3). El agua de mar contaminada puede causar la contaminación de la arena de mar; ésta actúa como reservorio de bacterias y con cualquier agitación las puede reincorporar al agua (2). Además, las bacterias patógenas e indicadoras de heces sobreviven periodos más prolongados en la arena que en el agua de mar (2). Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (4), en la arena de mar se han aislado bacterias, hongos y parásitos y se ha demostrado que la arena contaminada puede ser un reservorio de estos microorganismos y ser causa de posibles infecciones (Tabla I).

En un análisis realizado en playas de California, EU, se encontró que, un gramo de arena de mar puede contener hasta 10 mil entorococos, y que ingerir esa porción es comparable al riesgo de beber 100 ml de agua en los límites máximos de contaminación y contraer una enfermedad infecciosa (3). Si bien no se ha documentado la capacidad infecciosa de los agentes patógenos en la arena de mar y no se sabe el riesgo real hacia la salud humana (4), lo que sí se sabe es que la supervivencia de los microorganismos es mucho mayor en la arena que en el agua, ya que es un ambiente más estable en sus condiciones de temperatura, humedad y alimento (1). Otro estudio señala que después de una tormenta, las bacterias persisten más en la arena que en el agua (3).

“Se desconoce por completo la situación en México. En otros países se han encontrado evidencias a nivel experimental de la contaminación de la arena, por lo que es necesario que se investigue el riesgo de hacer uso recreativo de la arena de mar en las playas mexicanas”, finalizó Olivera.

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Notas:
1. D.L. Craig, H.J. Fallowfield y N.J. Cromar. Enumeration of faecal coliforms from recreational coastal sites: evaluation of techniques for the separation of bacteria from sediments. Journal of Applied Microbiology, 2002, 93, 557–565.
2. Abdelraouf A. Elmanamaa, Mona Ishaq Fahdb, Samir Afifia, Soad Abdallahb y Salah Bahra. 2005. Microbiological beach sand quality in Gaza Strip in comparison to seawater quality. Environmental Research, 99 (2005) 1–10.
3. Christine M. Lee, Tiffany Y. Lin, Chu-Ching Lin, GoleNaz A. Kohbodi, Anita Bhatt, Robin Lee, Jennifer A. Jay. 2006. Persistence of fecal indicator bacteria in Santa Monica Bay beach sediments. Water Research, vol. 40, no14, pp. 2593-2602
4. Guidelines for safe recreational waters. Volumen 1 – Coastal and fresh waters. 2003. Organización Mundial de la Salud.

Fuente: Guidelines for safe recreational waters. Volumen 1 – Coastal and fresh waters. 2003. Organización Mundial de la Salud.
Comunicado Greenpeace México

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