Este fin de semana regresamos varios años en el tiempo, cuando toda la prensa cacareaba que «el informe» estaba muerto y que venían cambios en la manera de cómo el presidente de la república presentaría los resultados de su gestión a la nación, Felipe Calderón y el PAN se las ingeniaron (como de costumbre) para regresar el país a la edad de piedra política: a los mejores años del PRI en el poder.

Pero vamos por partes. Realizar anualmente un informe presidencial es una excelente idea para que los ciudadanos se enteren de los logros, los errores y los retos de la administración del poder ejecutivo, por el contrario el primero de septiembre fue convertido por los presidentes priístas en un ejercicio de vanagloria y alabanza: discursos kilométricos con logros que resultaban pírricos comparados con la situación general del país. Por eso las interpelaciones (que dicho sea de paso, han sido protagonizadas por los 3 partidos importantes de México) venían a resultar una voz de la conciencia en los temas que el presidente omitía en su informe. Las diferencias y los agravios en los últimos años han sido tantas y tan importantes que el año pasado Vicente Fox ni siquiera pudo llegar a la tribuna.

Hay otro fenómeno singular en política mexicana: cuando algo no funciona, en vez de empeñar esfuerzos en hacerlas bien se prefiere destruir y renombrar, como si con un nuevo nombre y una nueva forma se fuera a cumplir el objetivo original. De esta manera las bancadas del PAN y PRD acordaron que este 2007 Felipe Calderón brevemente entregaría su informe y se retiraría del recinto, así sucedió, sin embargo no sucedió así.

El aparato presidencial funcionó de maravilla este fin de semana para permitir que Felipe Calderón apareciera en la pantalla de televisión sin que nadie lo interpelara o sin que existiera ni un sólo hecho que manchara su primer informe.

Para comenzar la televisión censuró el pronunciamiento de la perredista Ruth Zavaleta, donde aducía que no recibiría el informe de manos de Calderón por ser un presidente cuestionado en su legitimidad: los comentaristas de la transmisión (Ramón Fregoso y Diane Pérez) aparecieron a cuadro cuando esto sucedía, regresando para que el panista Cristian Castaño recibiera el informe escrito de manos de Felipe Calderón.

Al día siguiente (domingo) como se había anunciado el presidente se dirigió a sus amigos y compañeros en Palacio Nacional, siendo su mensaje también transmitido por los canales más importantes de Televisa y TV Azteca. En un ambiente limpio y controlado el presidente Calderón habló por más de una hora con el aderezo de los emotivos aplausos de los asistentes, al viejo estilo priísta.

De los asistentes llama la atención la ausencia de Elba Esther Gordillo, la principal aliada de Felipe Calderón en la ruta y en el ejercicio de su gobierno, y por otro lado vergonzosa la presencia en el templete de Luis Carlos Ugalde y de José Luis Soberanes; Ugalde en el templete viene a confirmar que fue una pieza clave en el fraude que llevo a Calderón a la presidencia de México y Soberanes confirma así que ha guardado silencio (ergo protegiendo) en los casos que El Ejercito ha cometido atropellos en la campaña contra el narcotráfico.

Por supuesto que en la transmisión televisiva no hubo lugar para los manifestantes que a las afueras de Palacio Nacional se inconformaban y gritaban consignas contra el presidente Calderón.

El contenido del mensaje (al más puro estilo priísta) fue una letanía de logros que por sus resultados son bastante discutibles y también de bastantes silencios, que como todo informe completo y reitero debería tener sus luces pero también sus sombras. Un contenido bastante pobre sin duda.

No me queda otra cosa que finalizar este artículo de la misma manera (y con la misma emoción) con la que cerro su intervención el presidente Calderón:

¡Viva México!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here