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Japón reconoció ante la opinión pública internacional que la presencia de Greenpeace en el Santuario Ballenero Austral impide la caza de cetáceos, lo que representa un gran avance para la organización ambientalista.

Toshiro Shirasu, viceministro nipón de Agricultura, Bosques y Pesca, dijo que la flota ballenera de su país no está cazando debido al seguimiento que hace el Esperanza, barco insignia de Greenpeace, en esa región del Océano Glacial Antártico.

El Esperanza lleva 11 días siguiendo al buque factoría Nisshin Maru, donde las ballenas son despedazadas y congeladas, y detuvo de forma efectiva todas las operaciones de caza. Con el barco nodriza fuera de servicio, los buques arponeros no pueden trabajar, ya que no tienen un sitio a dónde transferir sus capturas, que deben congelarse inmediatamente para poder procesar la carne.

“Greenpeace está en el Santuario Ballenero Austral para detener por medios pacíficos la caza de cetáceos que realiza la flota japonesa y es lo que está haciendo. Pero no es suficiente detener la caza sólo cuando el Esperanza los persigue y logra que todas las miradas estén sobre la flota. Tokio debe tomar la decisión de terminar la temporada de caza de este año y convertirla en la última de la historia”, dijo Sakyo Noda, coordinador de la campaña de ballenas de Greenpeace Japón.

Mientras tanto, se incrementa la presión internacional contra el programa ballenero del Gobierno japonés: empresas como Toyota, en Nueva Zelanda, y la japonesa Nissui, que anteriormente se dedicaba a ese negocio, han condenado la caza de ballenas y reconocen públicamente que esta actividad genera una mala imagen a Japón y a sus empresas.

Greenpeace no promueve un boicot a los productos japoneses, pero considera que existe una fuerte posibilidad de boicot por parte de todos los consumidores del planeta, si Japón continúa con su caza en el Océano Glacial Antártico.

Greenpeace México

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