Crónica de los Tamales de Ceniza (parte 1 de 3)


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Lo tamales de ceniza se llaman así básicamente por el color que adquieren al agregarles frijoles y no porque se hagan con ceniza.

En Nogueras, pequeño poblado del Municipio de Comala la Blanca, una mujer de familia, inició, como tantas que luchan por salir adelante, un pequeño negocio familiar de gran tradición, pero con un toque personal especial: «TAMALES DE CENIZA EN HOJA DE CHAYA«.

Vamos por partes.
¿Qué es la Chaya?

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Bien, por suerte, tengo a la mano un pequeño libro sobre el tema que una persona muy querida en Guadalajara me obsequió. Así que no esperen en otras contribuciones, amigos, una explicación tan detallada y completa. Hasta que Phil y yo lleguemos a un acuerdo ($$$ 😉 no me será posible hacerlo.

A la chaya se le llama: Cnidoscolus Chayamansa. Se cultiva fácilmente en regiones de clima similar al de Yucatán, que es en donde se dió a conocer más ampliamente, al parecer, gracias a un platillo regional consistente en un tamal llamado «tsobilchay», hecho a base de masa de maíz, pepita de calabaza y hoja de chaya. Pero desde hace siglos, la gente pobre de varias regiones del caribe, y algunos estados de la república como Colima, careciendo de dinero para carne, va en busca de la Chaya al monte para usarla en sus guisos de diferentes formas según la región o estado.

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La señora de la que les hablaré, decidió utilizarla por su sabor, y sus propiedades tan apreciadas en materia de salud entre las que se cuentan: Quitar la fatiga, estimular la función del hígado y ayudar a la expulsión de la bilis, como suave laxante, mejorar la circulación, excelente para la digestión, como diurético, y al parecer en estudios recientes, ayudar de forma notable en problemas de visión al disminuir, e incluso aliviar, la irritación y dolor de ojos ocasionada por forzar la vista para ver o leer en condiciones difíciles.

Nuestro personaje se llama:

Consuelo Castillo Solorio, nació el 8 de junio de 1945 en Tepetapan Jalisco, en donde vivió hasta la edad de 7 años para venir a vivir a Comala y posteriormente, al casarse, a Nogueras hace aprox. 42 años.

Aprendió de su madré a hacer los tamales, pero fué su comadre la Señora Norma Ceja, quien le dió la receta para hacer los tamales más esponjados y livianos.


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Cuenta la Señora Consuelo que en su tierra los tamales se hacen con hojas de plátano, y ella utilizaba la de la milpa o sea, la hoja de la mazorca del maíz, sin embargo, intentando darles su propio «toque» optó por una hoja comestible que además evitaría la molestia de «pelar» los tamales para comerlos.

Continuará…

Desde Deliciosadas

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