Marcha contra la inseguridad

Este próximo sábado 30 de Agosto será la Marcha contra la inseguridad en la Ciudad de México así como en otras cuidades de provincia.

Sacudanse la apatía, salgan a recuperar las calles de esta cuidad, aprovechemos esta marcha para dejar escuchar nuestra voz! Una voz que dice «ya estamos hartos de tanta violencia, tanta impunidad, tanta irresponsabilidad !»

Como ya se ha dicho en algunos espacios desde hace unos días: «si quienes están a cargo de las riendas de este país no pueden con la chamba mejor que se vayan»!

Además, e independientemente de las ideologías políticas o religiosas, de las situaciones económicas o raciales, todos, absolutamente todos estamos relacionados con la situación de la inseguridad en este país.

La cita para la Ciudad de México es este sábado 30 de Agosto a las 18h00 (6PM) en el Ángel de la Independencia con una veladora en mano o una linterna para los niños menores de 12 años (por cuestiones de seguridad).

Si no sales a dejar escuchar tu voz, mejor después no te quejes!

1 comentario

  1. Rafael Luviano Delgado

    Génesis de la descomposición

    Creo que el Estado dejó durante muchos años en el olvido las estructuras de la Seguridad y la justicia. Tanto tiempo relegadas que ahora que desea poner un coto, es difícil saber por dónde empezar. Y eso es a los tres niveles de gobierno y en los tres poderes de la Unión.

    Es indispensable que los encargados, con un sustento de responsabilidad y compromiso asuman su tarea, en función del hartazgo, de la depreciación. El pueblo está cansado de tanto esperar. Tan agobiado que puede ser la última llamada, antes de un arrebato social.

    A pesar de todo, se dice que el mexicano aguanta mucho, que todo lo soporta. Lo mismo podría haberse dicho antes de 1910 y ya vemos la revuelta que se armó, con la primera revolución del siglo XX.

    Es obvio que a nadie le gustaría un movimiento promovido por el descontento. Mucho menos producto de la ineptitud, de la impunidad, de la corrupción. El estado en que ahora vive el país es de emergencia, como lo fue a inicios de aquel siglo.

    La ingobernabilidad que se ha alcanzado nos está exhibiendo a los ojos del mundo en un baño de sangre en muchas entidades del norte, del centro y del sur, al grado que tenemos más muertos por año que países en guerra constante como Irak, luego de la cobarde invasión estadounidense: caro le ha costado al imperio. Una nueva derrota, luego de las de Corea y Vietnam.

    Es decir, una buena parte de nuestra geografía vive instantes de zozobra. El abuso, la colusión, el desempleo, la falta de oportunidades, tanto en la educación, como en otros órdenes y la crisis económica, con la consecuente escalada de precios en bienes y servicios nos tiene en un constante nerviosismo, aderezado por la creciente violencia. El baño de sangre a que el gobierno ha llevado, con el uso del Ejército, a muchas regiones de la geografía nacional podría ser la puerta de entrada a un conflicto de dimensiones inusitadas.

    Requerimos hacer una combinación de todas las fuerzas políticas, de los sectores académicos, científicos, industriales, de los grupos de presión y de las organizaciones sociales, ciudadanas y culturales para hacer un frente común que ponga las bases que frene el embate del crimen organizado, como ha ocurrido en países como la Italia de los años ochenta, Colombia y ciudades como Nueva York o Rusia. Sitios donde la mafia amenazó y sólo a través de la unidad de todos los sectores y fuerzas progresistas pudieron frenar a fuertes organizaciones criminales mejor dotadas (económica, tecnológica y en armamento) que el propio Estado.

    Sólo con imaginación, conocimiento, talento, honestidad, sentido de la oportunidad y habilidad vamos a lograr sentar las bases de una verdadera reforma, un cambio coyuntural, que permita reestructurar verdaderamente instituciones que no pueden seguir funcionando como hasta ahora, anegadas en el fango de la descomposición, mal olientes y con sabor amargo.

    Es necesario derribar los viejos esqueletos de un México que se niega a morir, para el surgimiento de nuevos edificios que tardaremos todavía muchos años en levantar. La cosa es intentarlo por el bien del país, por la sobrevivencia de la República, por la herencia que dejaremos a nuestros hijos. Que el día que pregunten sepan que muchos hombres y mujeres intentaron algo por cambiar este orden de cosas plagado de cinismo, de grave deterioro, pero sobre todo, de impunidad, madre de todas las transgresiones: millones de delitos se comenten en su nombre.

    Rafael Luviano D.

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