Las imágenes que forman parte de la exposición El fin del fin de la historia y la hidra venenosa, del artista Taka Fernández, son Génesis y Apocalipsis de un retrato social; la fragmentación de todos los relatos, imágenes e íconos que el creador construye para el espacio del Museo de Arte Carrillo Gil formulan una estética laberíntica, en la que cada fragmento opera independiente pero, a su vez, queda encadenado al continuo temporal de la narración planteada.

Para Taka, el resultado de este exceso de información e imágenes es la paradoja de una comunidad global, completamente desinformada o bajo un régimen de dopaje manipulativo, donde lo que creemos ver no es más que el espejismo de una realidad de la cual no tenemos plena conciencia.

La exposición reúne una serie de esculturas, dibujos y pinturas que postulan una situación ambigüa: ¿es ésta la visión de una Atlántida imaginaria a punto de colapsar y desaparecer o es la visión apocalíptica de un mundo futuro planteado desde las cenizas de una gran ruina? La “hidra venenosa” a la que el artista alude representa al virus endémico donde cualquier trascendencia social, histórica o temporal, es absorbida por la masa en su inmanencia silenciosa, hacia un cataclismo pasivo.

En El fin del fin de la historia y la hidra venenosa no hay un Heracles dispuesto a derrotar a esta hidra policéfala de aliento ponzoñoso. El héroe mitológico es sustituido por este personaje macabro y burlón, carente de remordimientos que nos alienta, entre carcajadas, a la amnesia colectiva.

Conaculta

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