Alma Reed, fragmentos de un retrato

Alma Reed fue aguerrida defensora de los más desprotegidos y una de las principales difusoras del renacimiento del arte mexicano que surgió a partir de los años 20, luego de la Revolución Mexicana; su máquina de escribir era su arma favorita, la letra y su alto sentido de la filantropía, sus municiones.

Sus vínculos profesionales y sentimentales estuvieron siempre ligados a México, por lo que en esta ocasión el Museo Nacional de Historia (MNH), Castillo de Chapultepec, rinde un homenaje a la periodista mediante la exposición Alma Reed, fragmentos de un retrato, que estará abierta hasta febrero de 2009.

El recinto del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) exhibe cerca de 190 piezas entre artículos personales y textos de Reed, así como otros objetos que si bien no fueron de su propiedad, tuvieron que ver con su vida y labor periodística. Destacan vestimentas mestizas, aretes, sombreros, reportajes escritos, tipografías y publicaciones de la época, entre otras.

Salvador Rueda, director del MNH, mencionó que la exposición ofrece un panorama más amplio de la historia a partir de personajes que él mismo cataloga como de “articulación”, es decir, aquellos que no fueron protagonistas directos de los acontecimientos pero que desde sus trincheras ayudaron a difundir los sucesos, como fue el caso de Alma Reed.

La muestra forma parte de los festejos previos del Centenario de la Revolución Mexicana, que el MNH organiza como parte de sus actividades permanentes. “A pesar de que Reed no fue una mártir de la guerra, si fue una pieza fundamental para la proyección cultural de México al mundo”.

Los que la conocieron y otros que investigan y recuperan su trabajo, se refieren a ella como la principal difusora del arte mexicano postrevolucionario, además de la causante de que esta vertiente se volviera parte de la actividad artística universal, siempre caracterizada por su toque cosmopolita.

Nacida en San Francisco, California, Estados Unidos, en 1889, Alma Reed se distinguió por sus esfuerzos a favor de los débiles y necesitados. Uno de los acontecimientos más sonados fue la defensa que hizo en 1921 de un joven mexicano sentenciado a muerte a los 17 años de edad, en la nación norteamericana. Ganó el caso y motivó la implementación de reglamentos que ayudarían en la futura defensa de los migrantes.

El caso fue recuperado por la prensa mexicana, por lo que el entonces presidente Álvaro Obregón, la invitó a visitar México. En su estancia, Reed se encuentra con Orozco y Rivera en plena creación de algunos de sus murales más conocidos y, días después, se traslada a Mérida para ser testigo de las primeras excavaciones arqueológicas en Chichén Itzá, a cargo del arqueólogo Edward Thompson.

Tanto las expresiones artísticas muralistas como los descubrimientos arqueológicos, fueron abordados por la periodista en una serie de reportajes que se publicaron en el New York Times. A su regreso a Estados Unidos, el tabloide neoyorquino le encomendó una nueva visita a México, específicamente a Yucatán, donde conoció al que se convertiría en el amor de su vida, Felipe Carrillo Puerto.

Su ideología encontró eco en la de Carrillo Puerto, hombre de tendencias socialistas que formó parte de las filas de Emiliano Zapata durante la Revolución Mexicana. Ambos se enamoraron al grado que el entonces gobernador de Yucatán (1922) se divorció de su esposa para poder casarse con Alma Reed.

Alma Reed, fragmentos de un retrato se exhibirá hasta febrero del próximo año en el Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec. La entrada es gratuita y el horario de visitas es de las 9h00 a las 17h00.

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